Eugeni Xammar: Adolf Hitler o la simpleza desencadenada

La misteriosa «Entrevista a Hitler» de Eugeni Xammar, del 8 de noviembre de 1923


Contribución al debate de Knud Böhle (en alemán: Spanienecho, 5 de julio de 2024), traducción de Pascual Riesco Chueca (Spanienecho, 7 de agosto de 2024)


1. De qué trata esta contribución al debate

1.1 Objetivos

Hace poco más de cien años, el 8 de noviembre de 1923, se inició el golpe fraguado por Hitler-Ludendorff en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich. Ese mismo día se encontraba en Múnich el corresponsal español en el extranjero Eugeni Xammar. Según él, Hitler le concedió (a él y a su amigo y colega Josep Pla) una entrevista precisamente durante aquella jornada.

Pocas horas antes del golpe de Estado que debía convertirlo en dictador de Alemania por una noche, Adolf Hitler nos había concedido una entrevista que no dudamos en calificar de interesante (Xammar 2005, p. 204).

Por la noche, informa a sus lectores, presenció el golpe de Estado de Hitler en el Bürgerbräukeller.

Bien organizado y bien representado, un golpe de Estado como el que hemos tenido la suerte de pre­senciar en Múnich al cabo de veinticuatro horas de llegar, es una de las cosas que surten más efecto y que dejan un recuerdo para toda la vida (ibid., p. 187).

Así consta en los artículos publicados por Xammar en La Veu de Catalunya.1 Su artículo «El golpe de estado como espectáculo» (Xammar 2005, pp. 187-192) apareció allí el 17 de noviembre de 1923, seguido el 24 de noviembre de 1923 por «Adolf Hitler o la necedad desencadenada» (ibid., pp. 204-208), cuyo contenido principal es la entrevista que Xammar afirma haber mantenido con Hitler en las oficinas del Völkischer Beobachter, en adelante abreviado como VB, el 8 de noviembre de 1923.2

De estos dos artículos se ocupa el presente escrito. El artículo sobre el golpe en el Bürgerbräukeller es de alcance más limitado y solo tiene interés como evidencia de que Xammar ciertamente no estuvo presente en el acontecimiento sobre el que escribió. La entrevista a Hitler, en contraste, es la «la peça més controvertida del periodisme català» (Sánchez Piñol 2009; en la misma línea, Pla Barbero 2018). Porque si realmente hubo un encuentro y una conversación entre Hitler y Xammar en ese día histórico, sería sumamente interesante para la investigación sobre la persona de Adolf Hitler y el nacionalsocialismo.

Por supuesto, la importancia de una entrevista de este tipo como fuente histórica aumentaría aún más si se consigue desvelar aspectos inéditos acerca de su contenido. Sin embargo, para ello se requiere un meticuloso rigor textual y crítico de las fuentes. Habría que aclarar, por ejemplo, si la situación de la entrevista era formal o informal, si el entrevistador extranjero entendió correctamente las palabras de su entrevistado, si el entrevistador recordaba correctamente, si el entrevistador informó textual y verazmente de lo que se había dicho, o si atribuyó a su entrevistado algo que no había dicho o que no quería decir. Pues, en este último caso, la entrevista perdería gran parte de su validez como fuente histórica de información. Huelga decir que una entrevista a Hitler completamente inventada por un periodista de 1923 carece de valor para la investigación sobre el nazismo. Por lo tanto, la cuestión principal que hay que aclarar es si Eugeni Xammar entrevistó realmente a Hitler o simplemente se lo inventó. Si la entrevista llegó a producirse, habría que analizarla más a fondo en términos de crítica textual y de fuentes.

En el presente texto se defenderá la tesis ―aprovechando la discusión previa de autores españoles sobre el carácter genuino o no de la entrevista― de que hay que abandonar el supuesto de que la entrevista tuvo lugar. En las subsiguientes referencias a esta entrevista, que creemos fingida, acudiremos a una mención abreviada: «entrevista», o «entrevista a Hitler».3

Seguidamente rastrearemos y analizaremos las vías que han permitido a la «entrevista», una vez publicada en traducción alemana, acceder inesperadamente al estatus de fuente histórica fidedigna en la investigación alemana sobre el nacionalsocialismo.

La siguiente discusión pretende contribuir al debate sobre la autenticidad de la «entrevista» con el fin de dejar en claro si se trata de una entrevista falsa, carente de valor para la investigación histórica, o de una valiosa fuente histórica.

1.2 El corresponsal en el extranjero Eugeni Xammar

Antes de entrar en más detalles sobre la «entrevista», conviene presentar brevemente a Eugeni Xammar (1888-1973). El catalán es uno de los más destacados periodistas españoles, de una estirpe que hubo de desaparecer en gran medida de la conciencia pública durante los largos años del franquismo. Los artículos que escribió entre 1922 y 1924 como corresponsal en el extranjero desde Alemania para periódicos catalanes, y entre 1930 y 1936 para el diario madrileño Ahora, sólo volvieron a estar a disposición del público en edición antológica más de veinticinco años tras el final de la dictadura franquista.4

En tanto que corresponsal extranjero, Xammar adoptaba la perspectiva de observador ajeno al contexto, que, precisamente por su distanciamiento, lograba mostrar a su público español los aspectos grotescos y tragicómicos de la situación alemana. Por otra parte, Xammar estaba siempre bien informado, hasta el último detalle, sobre las personas, configuraciones y aconteceres de Alemania acerca de los que escribía.5 La lectura de varios periódicos diarios, ciertamente no solo alemanes, constituía un recurso decisivo para mantenerse bien informado.6 La combinación de su inconfundible estilo y sus amplios conocimientos imprime carácter a sus reportajes desde Alemania, que son asimismo de sumo interés para los lectores e historiadores alemanes que se ocupan de las décadas de 1920 y 1930. En su artículo, Xammar no nos interpela en su condición de nacionalista catalán políticamente conservador, sino ante todo como corresponsal de asuntos extranjeros catalán-español, democrático-burgués, activo en Alemania durante la República de Weimar.

1.3 Algunos datos sobre el golpe de Hitler-Ludendorff del 8 y 9 de noviembre de 1923

La Revolución de noviembre de 1918 tuvo su inicio en el levantamiento de los marineros de Kiel y pronto se extendió por toda Alemania. Condujo a la proclamación de la república y al derrocamiento de la monarquía en Berlín el 9 de noviembre de 1918. El 11 de noviembre de 1918, el armisticio de Compiègne puso fin a las hostilidades de la Primera Guerra Mundial, y el 28 de junio de 1919 se firmó el Tratado de Versalles.

La legitimidad de la República de Weimar era cuestionada por grupos y partidos monárquicos, nacionalistas, de extrema derecha y antisemitas. En el terreno propagandístico, los interrogantes sobre quién era culpable de la guerra desempeñaron un papel fundamental. El Mando Supremo del Ejército (OHL) intentó culpar a la socialdemocracia, a los políticos demócratas y a la «judería» de la derrota militar del Reich alemán en la Primera Guerra Mundial, una derrota de la que el principal responsable no era otro que el OHL («leyenda de la puñalada por la espalda»).

Para los enemigos de la República de Weimar en particular, el 9 de noviembre tenía un alto valor simbólico. Un escritor satírico alemán no podría haber sido más sarcástico que Xammar a la hora de penetrar en el meollo de los insultos y mentiras que circularon tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial; de paso, Xammar también sabe tender un puente que va desde el 9 de noviembre de 1918 hasta el golpe de Estado de Hitler-Ludendorff.

El día siguiente de nuestra llegada [a Múnich] era el día 8 de noviembre, vigilia del quinto aniversario de la revolu­ción alemana. La revolución alemana del 9 de noviembre fue organizada deprisa y corriendo por cuatro judíos pagados por Bélgica en el preciso momento en el que el ejército alemán iba a alcanzar la victoria decisiva. Esto en Baviera lo saben hasta los perros y los niños, y cuando llega el día del fin del año de la revolución criminal, los bávaros, con el alma enlutada, llenan las cervecerías hasta los topes. […] Discur­sos, gritos, canciones patrióticas y cerveza. Sobre todo cerveza. […] El aire se espesa y uno respira la atmósfera de golpe de Estado. Lo que parece extraño es que haya tarda­do cinco anos en llegar (Xammar 2005, p. 188 ss).

Una portada contemporánea de Simplicissimus, que incluimos aquí meramente como ilustración, está dedicada a los bávaros mencionados por Xammar.

Simplicissimus del 3.12.1923
Fuente: Simplicissimus del 3.12.1923, 28(1923)26, p. 441; en linea: http://www.simplicissimus.info/

Wolfgang Schieder (2023) describe sucintamente el complot Hitler-Ludendorff:

Los rumores de un inminente golpe del NSDAP circulaban por Baviera desde principios del otoño de 1923. Hitler encendió los ánimos con mítines multitudinarios y repetidos discursos en el circo Krone. Con todo, no había preparado logísticamente su golpe, si hemos de creer que la idea de dar ese arriesgado paso estaba tomada desde el principio. No era la primera ni iba a ser la última vez en que Hitler actuó de forma vacilante […]. El 26 de septiembre, el gobierno del estado bávaro de Eugen von Knilling declaró inesperadamente el estado de emergencia y nombró al ex ministro presidente Gustav Ritter von Kahr comisario general con poderes dictatoriales. Kahr prohibió los mítines públicos del NSDAP y se hizo así con el control. Programó una reunión para el 8 de noviembre en el Bürgerbräukeller de Múnich, a la que estaban invitadas todas las fuerzas antirrepublicanas de Baviera, con la excepción del NSDAP. […] De improviso, el movimiento de Hitler entraba en competencia con los grupos conservadores de Baviera. Esto le obligó a actuar sin preparación. Para adelantarse a Kahr, improvisó y adelantó la fecha del golpe […] (p. 41).

El 6 de noviembre de 1923, Hitler y sus compañeros de armas habían tomado una decisión fundamental: organizar un putsch. La fecha inicialmente prevista para la acción era el 10 o el 11 de noviembre. El 7 de noviembre de 1923, Hitler se reunió con los líderes de las organizaciones paramilitares pertenecientes a la Kampfbund para completar los preparativos del golpe.7 Es en esta reunión cuando se decide adelantar su fecha. A las ocho de la tarde del 7 de noviembre se tomó la decisión de dar el golpe el mismo 8 de noviembre y aprovechar el acto de von Kahr en presencia del gobierno bávaro y de muchos políticos de alto rango para tomar el gobierno y marchar sobre Berlín al día siguiente. Basándose en «falsos rumores» (Wien 2023, p. 233), los golpistas querían evitar que en el acto del Bürgerbräukeller se crearan hechos que contrarrestaran sus propias intenciones de derrocar al gobierno. La reunión conspirativa no concluyó hasta la noche del 8 de noviembre de 1923. El desarrollo del intento de golpe de Estado en la noche del 8 de noviembre de 1923 y al día siguiente es resumido así por Wolfgang Schieder:

Una vez iniciada la reunión, Hitler hizo que las SA acordonaran el Bürgerbräukeller y entró sin anunciarse en la abarrotada sala con unos pocos seguidores leales. Se subió a una silla y, ante el barullo que no cesaba, disparó al techo con una pistola. Luego gritó marcialmente: «Ha estallado la revolución nacional. La sala está ocupada por seiscientos hombres fuertemente armados. Nadie puede abandonar la sala. Si no hay calma inmediata, haré colocar una ametralladora en la galería. El gobierno de Baviera ha sido depuesto. Se ha formado un gobierno provisional». Nada de esto era cierto; la proclamación de una «revolución nacional» no era más que una farsa. Pero Hitler consiguió obligar a los tres líderes más importantes de los conservadores bávaros, el comisario general von Kahr, el comandante del Reichswehr (fuerzas armadas imperiales) en Baviera, Otto von Lossow, y el jefe de la policía estatal bávara, Hans Ritter von Seißer, a aceptar sus intenciones nacionalistas y revolucionarias. Sin embargo, parece que solo lo consiguió después de que el general Ludendorff también apareciera en escena en el Bürgerbräukeller y aprobara la revolución nacional de Hitler. Sin embargo, nada más escapar del Bürgerbräukeller, el trío de políticos bávaros anuló todas sus promesas y decidió oponerse a los planes golpistas de Hitler y Ludendorff. […]

Durante la noche del 8 al 9 de noviembre, los golpistas se dieron cuenta de que sus planes habían fracasado. Para Hitler fue una catástrofe a la que no veía salida. Fue Ludendorff quien propuso un escape con su apodíctica fórmula «marchemos». A sugerencia suya ―no de Hitler―, los golpistas decidieron desfilar por el centro de la ciudad la mañana del 9 de noviembre, posiblemente para ocupar el Ministerio de Guerra bávaro. […] La marcha, de unos dos mil hombres, se constituyó hacia el mediodía. Encabezada por Ludendorff, Hitler, su íntimo Scheubner-Richter, su guardaespaldas Graf, Hermann Göring y Friedrich Weber, líder nacionalsocialista del partido de extrema derecha «Liga del Oberland». En el Feldherrnhalle, el monumento bávaro a las anteriores victorias monárquicas, los golpistas se encontraron con una unidad armada de la policía estatal, que al parecer abrió fuego contra ellos inmediatamente sin previo aviso. Algunos golpistas respondieron a los disparos. En pocos minutos, catorce golpistas y cuatro policías yacían muertos en el suelo. Hitler no fue alcanzado […] (pp. 42 ss.).

Tras un infructuoso intento de fuga, Hitler fue detenido el 11 de noviembre y puesto bajo custodia.

1.4 La estructura del presente ensayo

Tras esta introducción (sección 1), se describe seguidamente el contenido de la «entrevista a Hitler» del 8 de noviembre de 1923, con el fin de sentar las bases necesarias para las explicaciones posteriores (sección 2). La sección tercera da voz a los críticos españoles que han expuesto dudas fundadas sobre la autenticidad de la entrevista. A continuación (sección 4), se plantean otras objeciones críticas basadas en el estudio de las fuentes. Posteriormente, se explica el antisemitismo exterminador de entonces en Alemania, esbozando el contexto en el que se sitúan y deben interpretarse las frases sobre la eliminación de los judíos en la entrevista (sección 5). Sigue un intento de reconstruir el curso de la jornada de Adolf Hitler en aquel 8 de noviembre de 1923 para aclarar si en dicha jornada pudo caber una entrevista con Xammar (sección 6). A continuación, se analiza la recepción de la «entrevista» en Alemania, donde ha llegado a convertirse en una respetada fuente de erudición histórica (sección 7). La sección 8 trata del fantástico reportaje de Xammar sobre el fallido golpe de Estado de Hitler que comenzó la noche del 8 de noviembre. La última parte (sección 9) trata de evaluar la entrevista fingida y el reportaje sobre el golpe en el Bürgerbräukeller, que Xammar no presenció en términos del daño que los artículos podían causar, situándolos en el contexto de la cultura mediática en la España de la época.

2. Descripción del artículo con la «entrevista a Hitler»del 8 de noviembre de 1923

El 24 de noviembre de 1923, el artículo «Adolf Hitler o la necedad desencadenada» apareció en La Veu de Catalunya.8 El fallido putsch Hitler-Ludendorff del 8 de noviembre quedaba más de dos semanas atrás. Hitler estaba en la prisión de Landsberg am Lech desde el 11 de noviembre de 1923.

El artículo contiene la siguiente información sobre el contexto de la entrevista. Se realiza en el despacho de Hitler en la redacción del VB. Hitler lleva su familiar gabardina con una cruz de gancho bordada en la bocamanga, no se quita la gorra, saluda con un marcial golpe de talón, ofrece a Xammar (y a su acompañante Josep Pla) sendas sillas y empieza a decir que los españoles son bienvenidos en Baviera, mientras que los italianos, ingleses, rumanos y holandeses no son de fiar: todos judíos. Queda asi introducida la cuestión judía como tema destacado.

[Hitler:] La cuestión judía es un cáncer que roe el organismo nacional germánico. Un cáncer político y so­cial. Afortunadamente, los cánceres políticos y sociales no son una enfermedad incurable. Tenemos la ex­tirpación. Si queremos que Alemania viva, debemos eliminar a los judíos…

[Xammar:] ¿A garrotazos?

[Hitler:] Ojalá, si no hubiera tantos. El pogromo es una gran cosa, pero hoy por hoy ha perdido buena par­te de su eficacia medieval. […] ¿Qué ganaríamos con apalear la población judía de Múnich si en el resto de Alemania los judíos continuaran siendo, como ahora, los dueños del dinero y de la política? En toda Alemania hay más de un millón de judíos. ¿Qué quiere hacer? ¿Los quiere matar a todos en una noche? Seria la gran solución, evidentemente, y si eso pudiera ocurrir la salvación de Alemania estaría asegurada. Pero no es posible. Lo he estudiado de todas maneras y no es posible. El mundo se nos echaría encima, en lugar de dar nos las gracias, que es lo que debería hacer. […] Ya hemos visto que el pogromo no era posi­ble. No queda sino la expulsión: la expulsión en masa. Con la expulsión de los judíos hace más de cuatro siglos, España…

[Xammar:] ¿Cree usted que hizo un buen negocio? (Xammar 2005, pp. 206-207, énfasis añadido, KB).

En dos ocasiones, Xammar interrumpe al monologante Hitler. En una de ellas le pregunta, de forma un tanto maliciosa y provocativa, si los judíos deberían ser destruidos a porrazos. El Hitler de la «entrevista» responde que ésa sería la mejor solución, pero que un pogromo ya no puede ser una solución hoy en día, y que la expulsión masiva es el método recomendable.

Cuando Hitler quiere referirse a la expulsión de los judíos en España, Xammar lo interrumpe de nuevo con una pregunta que alude a la clásica pregunta sobre si la expulsión de los judíos ha perjudicado a la economía española. El Hitler de la «entrevista» no responde a esta pregunta. En vez de ello, desarrolla su argumento de que el error de los Reyes Católicos fue permitir la conversión de los judíos para evitar la expulsión, y repite que la solución al problema pasa por la expulsión de toda la raza judía.

El problema judío, entérese de una vez por todas, no es religioso. Es un problema de raza. El modo de re­solverlo es la expulsión. Pero la expulsión rigurosa de todos cuantos sean de raza judía, tanto los practi­cantes como los indiferentes y como los conversos (Xammar 2005, p. 207, énfasis añadido por KB).

El artículo también contiene referencias al tipo de antisemitismo vigente en Baviera por entonces. El Hitler de la «entrevista» le dice a su entrevistador que, ciertamente, teniendo Xammar la nariz que tiene, habría sido objeto de alguna paliza. Declara este: «Hitler se ríe, y yo también, pero no tan a gusto como él» (Xammar 2005, p. 207). Constan documentalmente ataques y lesiones a judíos por nazis de la época (Reinicke 2018).

También es conocida e históricamente documentada la expulsión de judíos de Baviera a instancias del Comisario General del Estado Gustav von Kahr, a quien el gabinete bávaro había otorgado poderes dictatoriales el 26 de septiembre de 1923. El Hitler de la «entrevista» se refiere a ello:

[Hitler:] En Baviera la expulsión de judíos ya ha empezado, pero con timidez. Von Kahr expulsa, poco a poco, a todos los judíos que no son ciudadanos bávaros. Es muy poca cosa, pero hay que reconocer que no puede hacer más. Von Kahr tiene las manos atadas.

[Xammar:] ¿Por quién, si se puede saber?

[Hitler:] Se va a quedar de piedra. El defensor principal de los judíos en Baviera es el arzobispo de Múnich, el cardenal Faulhaber (Xammar 2005 p. 207).

Esta declaración no solo se emite en la «entrevista a Hitler». Ya había sido publicada dos días antes en el Völkischer Beobachter.

El 6 de noviembre, dos días antes del putsch, el Völkischer Beobachter había reaccionado al sermón de Faulhaber con ocasión del día de los Santos con un artículo titulado «El cardenal Faulhaber como protector de los judíos»; lo atacaba en tanto que «protector de los judíos» porque había afirmado «que los judíos también son seres humanos y que no debemos dejarles pasar hambre y frio en invierno». Pero todavía en el Congreso Católico de 1922, sin embargo, había hablado «de forma muy diferente» «utilizando palabras muy duras contra la prensa judía» (An­tonia Leugers 2014).

Desde el punto de vista de los lectores catalanes, es probable que la «entrevista» haya constituido una lectura sumamente divertida que juega con el horror: infoentretenimiento. Llama la atención poderosamente la forma periodística que reviste el tema de la expulsión de los judíos en la «entrevista». La expulsión de los judíos orientales de Baviera en 1923, la expulsión de los judíos en España bajo los Reyes Católicos y, en el futuro, la expulsión masiva por Hitler, se convierten en un relato bien trabado. El lector español atento comprende a través de la comparación: este Hitler es aún más antisemita, aún más radical, aún más racista que los Reyes Católicos.

Si la «entrevista» se representara como una pieza teatral, parecería un esperpento o un farsa de labriegos, según los énfasis creativos del director.9 La risa podría quedarse atascada en la garganta de algunos. Los protagonistas de la obra son, por un lado, un periodista español culto, brillante, provocador, entrometido; por otro, un patán poco presentable con un antisemitismo delirante. El propósito de la obra es divertir e instruir (¡!) al público. Hoy, la «entrevista» parece una fantasía literaria. A continuación, se analizarán con más detalle algunos aspectos del contenido.

3. Las dudas de los intelectuales catalanes sobre la legitimidad de la «entrevista»

En España, especialmente en Cataluña, se han planteado una y otra vez dudas sobre si la «entrevista a Hitler» fue una falsificación. En 2000, dos años después de la publicación de la edición catalana de los artículos de Xammar escritos entre 1922 y 1924 (Xammar 1998), se discutió públicamente por primera vez si la «entrevista» era una invención. Existen esencialmente dos pequeños artículos en periódicos catalanes en los que se argumentan las dudas sobre su autenticidad. También hay un artículo más extenso de Pla Barbero (2018) en la revista literaria Cuadernos Hispanoamericanos, que intenta reconstruir el debate y marca sus propios acentos.10

El periodista Lluís Permanyer (2000) escribe en La Vanguardia que la «entrevista a Hitler» era probablemente una invención, aunque no puede demostrarlo con datos irrefutables (Permanyer 2000, p. 2). En primer lugar, a Permanyer le parece poco probable que Hitler hubiera concedido una entrevista a los dos periodistas precisamente en el agitadísimo día del golpe de Estado.

En segundo lugar, el artículo no se publicó hasta el 24 de noviembre de 1923, es decir, en un momento en que Hitler ya estaba encarcelado tras el fallido golpe de Estado y no podía defenderse de las declaraciones que se le atribuyen, viéndolo del revés, el periodista podía tomarse impunemente muchas libertades en cuanto al contenido.

El tercer argumento ―y el más importante― esgrimido por Permanyer contra la autenticidad de la entrevista se basa en un examen de toda la obra de Xammar y Pla, que nunca volvieron a referirse a esta «entrevista», ni siquiera en sus textos autobiográficos. Según Permanyer, es difícil imaginar que alguien haya podido olvidar sin más un encuentro con Hitler, aunque fuera breve.

Resume pues Permanyer la cuestión: «En fin, una diablura inocente que cuadra con el perfil de Xammar, de Pla y también con el estilo de la época» (Permanyer 2000, p. 2).

Unos años más tarde, en 2009, el escritor Albert Sánchez Piñol, tampoco un desconocido en Alemania, retoma el caso en un breve artículo titulado «Mèrit i misteri» en el diario catalán Avui, en la estela de Permanyer. Como este, considera muy probable que la «entrevista a Hitler» sea una invención y que la «entrevista» nunca tuvo lugar, pero no quiere zanjar la cuestión.

Como Permanyer antes que él, duda de que Hitler hubiera podido encontrar tiempo para una entrevista el día del golpe de Estado del 8 de noviembre de 1923. Sospecha que el contenido de lo que tenemos ante nosotros podría proceder de rumores o de terceras personas cercanas a Hitler y no del propio Hitler. Los periodistas podrían haber añadido lo que se les ocurriera. También se refiere al hecho de que Hitler estaba en prisión en el momento de la publicación tras el fallido golpe de Estado. En otras palabras, Xammar tenía suficiente información, de fuentes diversas, para elaborar una entrevista con Hitler sin contar con Hitler.

En particular, Sánchez Piñol ve improbable que Hitler hubiera revelado a dos desconocidos algo que, por lo demás, evitó en la medida de lo posible: hacer una declaración pública precisa sobre su objetivo de exterminar a los judíos.11 Sánchez Piñol también sospecha que las referencias a la historia de España en la «entrevista» son añadidos casi gratuitos de Xammar que no parecen corresponderse con los conocimientos de Hitler.12

Sánchez Piñol ofrece una explicación plausible para el silencio de Xammar, mantenido durante toda su vida, sobre la «entrevista a Hitler». Cuando Hitler llega realmente al poder en 1933, pasa de ser un bufón fracasado a convertirse en un respetable objeto de investigación histórica, de modo que incluso sus primeras declaraciones pasen a ser muy relevantes para la investigación sobre el nazismo y Hitler. Habría sido vergonzoso que se asociara a los periodistas con una entrevista ficticia.

Como en el caso de Permanyer, la conclusión vuelve a acudir al argumento «[es] típico de Pla y Xammar» y el breve artículo termina con una dosis de humor: «Vaya par. ¿Ves lo brillantes que eran? Incluso cuando la pifian, no se puede evitar hablar de ellos».13

También es interesante el artículo de Pla Barbero, filólogo y especialista en Josep Pla, que conoció los artículos de Permanyer y Sánchez Piñol y trató con detalle el estatus de la «entrevista» (Pla Barbero 2018, en línea). Sostiene que la «entrevista» de alguna manera existió, pero al mismo tiempo reconoce que el contenido de la «entrevista» publicada estaba totalmente al arbitrio de los periodistas. Escribe: «[Xammar y Pla] tenían todas las credenciales literarias necesarias para haber reescrito el recuerdo de su entrevis­ta con Adolf Hitler, fuera como fuera este encuentro, fugaz, improvisado, predeterminado, exclusi­vo o con otros periodistas» (Pla Barbero 2018, en línea).

Pla Barbero demuestra así lo que le cuesta prescindir de la idea de que la «entrevista» existió de algún modo. Por ello, a diferencia de Permanyer y Sánchez Piñol, no interpreta el silencio sobre la «entrevista» como un indicio claro de que se trataba de una entrevista falsa. En cambio, se pregunta por qué los periodistas nunca volvieron a referirse a la «entrevista»: «quizás no se sintieron nunca muy orgullosos de ello. O temían que se les reprochara no ha­ber detectado en el dictador al loco peligroso que ya era».

La discusión española sobre el asunto ofrece un resultado importante: afloran serias dudas de que la «entrevista» pudiera haber tenido lugar el 8 de noviembre de 2013, el día del golpe, como afirma Xammar. Sin embargo, no puede dudarse de que Xammar podría haber tenido suficiente conocimiento de diversas fuentes para inventar una «entrevista a Hitler». Otro argumento en contra de la autenticidad de la «entrevista» es que contiene declaraciones de Hitler que no parecen encajar con él, como la abierta referencia al exterminio de judíos ante dos extranjeros, o las declaraciones sobre la historia de España. El hecho de que Hitler estaba en la cárcel cuando se publicó la «entrevista» alimenta aún más la sospecha de que se puso en boca de Hitler, con desahogo, cosas que procedían de la imaginación de Xammar.

Por tanto, aun en caso de haber existido una reunión entre Xammar y Hitler, el contenido reproducido en el artículo del periodista sería fruto de una manipulación y falsificación, y, por lo tanto, completamente desechable como fuente histórica. Sería indistinguible lo que se debe a la imaginación de Xammar y lo que Hitler dijo realmente. Un argumento de peso a favor de que la «entrevista» fue inventada en su totalidad o en gran parte es el hecho de que después de que Hitler llegara al poder y se convirtiera en una figura histórica, los periodistas no volvieron a referirse a la «entrevista», nunca más en toda su vida.

4. Algunos aspectos complementarios desde el punto de vista de la crítica de fuentes

A la luz de las fuentes disponibles, la cuestión de qué dimensión tuvieron las supuestas reunión y entrevista merece ser analizada. Xammar afirma que se les concedió «una entrevista», pero ¿fue realmente una entrevista? En una entrevista, el entrevistado sabe que lo que diga se publicará en un determinado órgano de prensa. En una entrevista entre un corresponsal extranjero y un político, también cabe suponer que el político intenta deliberadamente decirle al periodista lo que quiere que se publique. Es muy diferente, por ejemplo, si el Hitler de la entrevista suponía que estaba concediendo una entrevista destinada a ser publicada en un periódico (catalán) o si pensaba que el encuentro era una conversación informal y privada con personas afines.

El propio título del artículo y la caracterización de Hitler como un «un necio monumental, magnífico y destinado a hacer una carrera brillantísima (De esto último él está aún más convencido que nosotros mismos)» (Xammar 2005, p. 204) dejan claro que este artículo no llegó a oídos de Hitler ni de ninguno de sus compañeros de armas. Xammar, que trabajó como corresponsal extranjero en Alemania hasta 1937, debió de sentirse aliviado de que los nazis, obviamente, nunca se enteraran de sus cáusticas valoraciones sobre Hitler. Eso podría haberle costado caro ante unas SA y una Gestapo vengativas y asesinas. Por esta razón, Xammar no tuvo ciertamente ninguna motivación para atraer atención hacia sus artículos sobre Hitler hasta 1945.

Una segunda cuestión ya ha sido abordada por los autores catalanes escépticos. ¿Hasta qué punto puede diferir lo publicado de lo realmente dicho y cómo afronta el historiador esta diferencia? Los autores españoles se preguntaron sobre todo qué había añadido Xammar como producto de su imaginación. Además, habría que preguntarse si Xammar recordaba todo correctamente cuando escribió su artículo. Sería preciso averiguar si la entrevista fue grabada de alguna forma o si la memoria y la capacidad de recordar del periodista fueron la única base de la reproducción. También habría que preguntarse hasta qué punto Xammar entendía el alemán (de Hitler) en aquella época, en 1923. El hecho de que tradujera el Dr. Faustus de Thomas Mann después de la Segunda Guerra Mundial no significa necesariamente que ya dominara perfectamente el alemán más de veinte años antes, en el otoño de 1923.

Hay otros detalles en el artículo que no cuadran. Se habla de una gorra, que Hitler no se quitó. Las fotos de la época, que circulan por internet y en publicaciones impresas, muestran a Hitler sin gorra o con un sombrero blando. La idea de que Hitler pudiera dar un taconazo marcial ante Xammar y Pla tampoco parece creíble. El placer de Hitler por reunirse con los españoles también parece inverosímil, incluso si se tiene en cuenta el hecho de que el dictador Primo der Rivera había llegado recientemente al poder en España. En la «entrevista» es esta alegría la que supuestamente motiva a Hitler a expresarse con especial franqueza.14 En cambio, inesperadamente, los italianos salen muy mal parados («todos judíos»), pese a que Hitler era apasionado admirador del fascismo italiano, lo usaba de modelo, y gustaba de encontrarse con Mussolini.15

En cuanto al contenido, la forma en que Hitler se refiere a la «mejor solución» en la «entrevista» no encaja con la argumentación habitual de Hitler en aquella época. En una época en la que Hitler se pronunciaba públicamente en contra de los pogromos y a favor de un «antisemitismo de la razón», el fanfarroneo sobre los pogromos no suena coherente.16 En este contexto, una comparación con el artículo de Josep Pla sobre la supuesta reunión con Hitler también resulta reveladora.

Ambos inventaron (o falsificaron) la «entrevista», cada uno a su manera. El artículo de Pla se publicó el 28 de noviembre de 1923, unos días después del de Xammar (reproducido en Xammar 2005, pp. 208-213). Es interesante observar que todo el exceso verbal sobre el exterminio de los judíos, que Xammar pone en boca de Hitler, no aparece en Pla. En otras palabras, el delirante fanatismo antisemita de Hitler, que está en el centro de lo publicado por Xammar, no desempeña ningún papel en lo escrito por Pla.

Otro detalle interesante es que Josep Pla (que no entiende alemán) habla de un monólogo en su versión y ni siquiera desea ofrecer la apariencia de una conversación con Hitler. Por otra parte, mientras Pla subraya en su artículo que Hitler quería una nueva guerra, este aspecto no aparece en el artículo de Xammar. En las versiones que ofrecen Pla y Xammar sobre la entrevista, la forma y el contenido son tan diferentes que la credibilidad de los relatos de ambos periodistas se resiente.

En cuanto al contenido, tampoco parece muy convincente la afirmación tajante que hace el «Hitler de la entrevista» cuando insiste en la expulsión masiva como método a elegir. Por un lado, el NSDAP no especificó qué métodos utilizaría para perseguir a los judíos hasta 1933. En segundo lugar, el programa de veinticinco puntos del NSDAP de 1920 ya incluía una combinación de medidas previstas: «privación de todos los derechos civiles, prohibición de ocupar cargos públicos y de ejercer la prensa para los judíos alemanes, su expulsión en caso de desempleo y la expulsión de la mayoría de los judíos inmigrantes» (Wikipedia: Solución final 2024). Los editores de la edición crítica del Mein Kampf consideran que el antisemitismo de Hitler en aquella época se caracterizaba por el rechazo de los pogromos, la lucha legal y la eliminación de los derechos de los judíos y, en última instancia, la expulsión total de los judíos (Institut für Zeitgeschichte 2022: Mein Kampf, volumen 1, capítulo 2, comentario 172). Tampoco aquí se mencionan explícitamente los medios que debían emplearse para alcanzar este objetivo, ya que no existía la correspondiente decisión.

En conjunto, la abundancia de pruebas tendentes a sugerir una falsificación es abrumadora. Sin embargo, el argumento más sólido en contra de la autenticidad de la entrevista es el hecho de que todavía no existe ningún documento o testimonio de un tercero que demuestre que la «entrevista» tuvo lugar realmente. O, dicho de otro modo: lo crucial no estriba en demostrar que la «entrevista» no tuvo lugar, sino en confirmar que la entrevista se realizó. En este sentido, se requiere una inversión de la carga de la prueba. Hay que buscar en las memorias de los empleados de VB, en los diarios y notas de colegas, amigos y familiares, en las notas de otros periodistas extranjeros que tuvieron trato con Xammar. Mientras no haya pruebas positivas de un encuentro correspondiente entre Xammar y Hitler, debe suponerse una entrevista ficticia.

5. Sobre el antisemitismo aniquilador en Alemania y en la «entrevista» de Xammar

A veces se afirma que Hitler dio a conocer su antisemitismo radical de forma inusualmente abierta en la «entrevista», como nunca lo había hecho antes. La presentación de la edición española aún hoy habla de una «turbadora entrevista» que Xammar (y Pla) realizaron al futuro dictador en 1923 y «en la que este ya prefigura el holocausto» (Acantilado 2024, en linea). El prefacio de la traducción alemana del libro también se refiere a la entrevista «en la que Hitler esbozó con toda franqueza sus planes para el exterminio de los judíos […]» (Berenberg 2007, p. 9).

Otros autores van incluso más lejos y encuentran en la «entrevista» referencias a los planes de exterminio de los judíos, al Holocausto y a la Solución Final. En un comentario de Arcadi Espada (2005) en El País, por ejemplo, se cita un pasaje de la «entrevista», que es interpretado como una anticipación del Holocausto. Espada lee la «entrevista» como si el asesinato masivo de los judíos fuera lo que Hitler propuso y ella constituyera en realidad el primer anuncio de la Solución Final.17

Situar el mundo de pensamiento de Hitler en el contexto del «antisemitismo de exterminio», como denomina Peter Schäfer al fenómeno (2000, pp. 229 y ss.), puede ayudar a categorizar mejor los pasajes relevantes de la «entrevista». El hecho es que en Alemania se generalizó un antisemitismo de exterminio desde principios del siglo xix, el cual se radicalizó aún más apoyándose en teoría racial en la segunda mitad del siglo xix. Los judíos no debían ser integrados, sino eliminados. Sería más moderno hablar del objetivo de la limpieza étnica por motivos raciales. Los medios para este fin se denominan destierro, reasentamiento, deportación (por ejemplo, a Madagascar como propuso de Lagarde en 1885), exterminio.

En este antisemitismo radical tradicional siempre anidaba una pregunta latente y una sorda amenaza referente a qué medios drásticos podrían usarse para deshacerse de los judíos, cómo podrían ser eliminados. Por esta razón, los documentos del antisemitismo aniquilacionista también contienen el «presagio» de una solución final. Dos ejemplos lo ilustran.

Christian Jansen ha analizado el Judenspiegel de Hartwig von Hundt-Radowsky de 1818. Consigue demostrar que los primeros elementos centrales del antisemitismo racista y eliminatorio ya estaban formulados, como ilustra la siguiente cita.

[Hundt propone] la esterilización de todos los judíos varones, una prueba más de su convicción racial acerca de la incorregibilidad de los judíos y de la modernidad de su programa de persecución genética. Se mostraba inflexible al afirmar que solo la eliminación completa de los judíos podría salvar a la sociedad mayoritaria: «Lo mejor, sin embargo, sería limpiar completamente el país de esa plaga, y para ello hay dos formas de hacerlo. O bien exterminarlos por completo, o bien expulsarlos […] del país. […] Lo preferible sería llevar a todos los judíos de Alemania […] a la frontera, de camino a la tierra prometida» (Jansen 2011, p. 32).

Alexander Bein, investigador del antisemitismo moderno, ve «el primer y más significativo intento de apuntalar científicamente el ahora emergente movimiento antisemita […] a través de la filosofía, la biología y la historia» en la obra La cuestión judía como asunto de raza, moral y cultura (1881) del filósofo y economista nacional berlinés Eugen Dühring (1833-1921). El argumento de los antisemitas de que la cuestión judía era cosa de raza y no de religión, y que por tanto convertirse al cristianismo no podía ser una solución, no era por lo tanto nada nuevo en 1923.

Presentar [la cuestión judía] como una cuestión de religión es, en opinión de Dühring, un engaño y una ofuscación deliberados. «Incluso si todos los judíos se convirtieran a las iglesias dominantes, como deseaban los liberales, la cuestión judía no dejaría de existir. Al contrario, solo aumentaría el peligro y la amenaza para el pueblo». Dühring está seguro de que se impondrá la evidencia de «cuán incompatible con nuestros mejores instintos es la implantación de las características de la raza judía en nuestro ser. Según ello, la cuestión judía pertenece menos al pasado que al futuro. […] Una vez que esta raza ha sido entendida a fondo», dice Dühring ofreciendo claras pistas para el futuro, «uno se fija desde el principio otra meta, para la cual el camino no puede allanarse sin los medios más poderosos. Los judíos son […] una Cartago interna, cuyo poder los pueblos modernos deben romper para no sufrir de él la destrucción de sus fundamentos morales y materiales» y en otro lugar escribe Dühring: «Lo judío […] no puede eliminarse de otro modo que no sea por la eliminación de los propios judíos» (Bein 1958, p. 347).

Bein concluye que «la era de Hitler en realidad no tenía nada que añadir a los teóricos del antisemitismo» (Bein 1958, p. 360).18 La novedad no está en el pensamiento, sino en el hecho de que con el NSDAP nace un partido político que se caracteriza por un antisemitismo extremo, más o menos claramente expresado y violentamente practicado, según las circunstancias.19

Un discurso del 6 de abril de 1920 muestra claramente a Hitler en esta tradición de formular, por un lado, la máxima amenaza posible, pero sin especificar los medios:

Nos inspira la determinación implacable de llegar a la raíz del mal y exterminarlo sin contemplaciones. Para lograr nuestro objetivo, cualquier medio debe ser aceptable para nosotros, incluso si tenemos que coaligarnos con el diablo (reimpreso en Jäckel/Kuhn 1986, documento 61, pp. 184-204).

Pero incluso el vocabulario ―«erradicar», «eliminar», «suprimir», «extirpar», «hacer inofensivo», «exterminar», «destruir» o incluso, como en la presente cita, «exterminar»―, asociado a la noción enfermedades, alimañas o parásitos, sigue formando parte del antisemitismo de exterminio tradicional.

Cuando Hitler habla en la «entrevista» de un «tumor canceroso que se puede extirpar», sigue fiel al lenguaje del viejo antisemitismo de exterminio. Nada se pone en boca o se atribuye al Hitler de la «entrevista» en términos de antisemitismo que no pudieran conocer ya quienes, como Xammar, estaban familiarizados con Hitler, sus declaraciones y apariciones en cervecerías o en el circo Krone, el programa del NSDAP, el horizonte mental del antisemitismo tradicional, ideológicamente adaptado por vía racial, y la situación de Múnich en 1923.

Así lo confirma una entrevista que Hitler concedió en octubre de 1923 al periodista George Sylvester Viereck de The American Monthly, según Domeier un «simpatizante nazi» (2021, p. 426).20 En dicha entrevista, Hitler afirma:

Los judíos no son alemanes. Son un pueblo extranjero entre nosotros y se manifiestan como tal. […] Somos como un tuberculoso que no se da cuenta de que está condenado si no expulsa los microbios de sus pulmones. Las naciones, como los individuos, tienden a bailar de forma más frenética cuando están al borde del abismo. Por eso, digo, necesitamos medidas correctivas violentas, una medicina fuerte, tal vez una amputación. […] Queremos purgarnos de los judíos, no porque sean judíos, sino porque tienen una influencia nociva (Jäckel/Kuhn 1986, documento 578, pp. 1023-1026; traducción, PRC).21

El sueño (o la pesadilla) de una solución final siempre está latente en el lenguaje del viejo antisemitismo de exterminio. Sin embargo, ni leyendo a Hundt, ni a Dühring, ni al «Hitler de la entrevista», puede deducirse una anticipación mental o un anuncio de lo que significó históricamente la Solución Final en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Lo que los historiadores y el público entienden por Solución Final es el asesinato sistemático de todos los judíos europeos en todos los territorios bajo control del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, la Solución Final ha de entenderse como un eufemismo destinado a evitar hablar de asesinato masivo sistemáticamente planificado. La decisión política de asesinar sistemáticamente a todos los judíos europeos es fechada por los historiadores en otoño/invierno de 1941. Por lo tanto, situar la Solución Final, es decir, el Holocausto, en la mentalidad de 1923 es una proyección hacia atrás históricamente inaceptable.

6. La agenda de Hitler el 8 de noviembre de 1923, un día sin entrevistas

Los escépticos (entre ellos Jordi Amat 2019) dudan de que la «entrevista a Hitler» pudiera haber tenido lugar en la redacción del VB el día del putsch, el 8 de noviembre, como indica Xammar. En cualquier caso, la reconstrucción de la agenda de Hitler el 8 de noviembre de 1923 sugiere que la «entrevista» no tuvo lugar, ni en ese lugar ni ese día.22 Todavía no hay pruebas factuales que apoyen otra alternativa: que la entrevista con Hitler pudiera haberse efectuado en otro día y lugar.

La decisión de dar un golpe de Estado el 8 de noviembre de 1923 no se tomó hasta las ocho de la tarde del día anterior, el 7 de noviembre de 1923. El escaso tiempo de preparación aumentó inevitablemente la presión temporal y redujo las posibilidades de éxito del plan. Por lo tanto, el número de acciones que había que planificar, organizar y poner en marcha en un plazo mínimo era considerable. Esto incluía determinar el curso exacto de los acontecimientos, involucrar y fichar a los co-conspiradores, organizar las tropas de la Kampfbund y proporcionar apoyo propagandístico a través de agitadores y oradores, publicar un número especial de la VB, imprimir octavillas y carteles.

Después de medianoche, hacia la una de la madrugada del 8 de noviembre de 1923, Hitler parece haberse reunido con Hermann Esser (redactor del VB en 1920, jefe de propaganda del NSDAP en el Reich de 1923 a 1925) en su piso de Thierschstrasse 41. Por la mañana, a las diez, Hitler habría convocado a Rudolf Hess en su piso para explicarle sus cometidos en la ejecución del golpe (Wien 2023, p. 268). No está claro si Hitler pudo entrevistarse seguidamente con Hermann Esser, «que guardaba cama por ictericia» (Görtemaker 2023, p. 144), como defiende un biógrafo de Hess.23 Lo que es indiscutible es que Hitler fue llevado por su conductor esa mañana a la residencia privada de Ernst Pöhner y mantuvo con él una conversación de una hora. Al antiguo jefe de policía de Múnich se le ofreció el cargo de primer ministro tras el putsch. Pöhner aceptó.

Hitler no apareció por la redacción del VB hasta alrededor del mediodía, como describe Volker Ullrich: «A la hora de comer, Hitler, pálido de excitación, fusta en mano, irrumpió en la redacción del Völkischer Beobachter y declaró al sorprendido redactor jefe Alfred Rosenberg y a Ernst Hanfstaengl, que también estaba presente, que se había decidido a dar el golpe de Estado» (Ullrich 2022, p. 199). En la redacción del VB se pusieron entonces en marcha los preparativos periodísticos y propagandísticos para respaldar el golpe y la esperada toma del poder por Hitler. Como el golpe planeado seguía siendo un secreto, la redacción de la VB habría tenido cuidado a partir de ese momento de no permitir el acceso a la redacción a personas desconocidas.24

Ernst Hanfstaengl, un germano-estadounidense admirador de Hitler, que por entonces hacía las veces de portavoz de prensa extranjera del NSDAP, se puso en contacto con los periodistas estadounidenses Larry Rue (Chicago Tribune) y H. R. Knickerbocker (Conradi 2007, p. 86) y al parecer también facilitó a otros corresponsales extranjeros información avisando de que merecía la pena ir al Bürgerbräukeller por la tarde.

Lo que hizo Hitler en la tarde del 8 de noviembre y cuál fue su paradero no es algo que pueda reconstruirse a la ligera. Una nota de Hanfstaengl, que deseaba urgentemente comunicarse con Hitler por la tarde, dice: «No se pudo localizar a Hitler en ningún sitio. Se dijo que estaba en el mando de la división con el capitán Dietl para deliberaciones de peso» (Hanfstaengl 1970, p. 131).25 Si Hitler hubiera estado en las habitaciones del VB por la tarde, Hanfstaengl no habría permanecido ajeno a ello. Con qué otras personas y en qué lugares se reunió Hitler esa tarde puede quedar de momento en el aire. En cualquier caso, parece seguro que no hubo reuniones en las salas del VB donde Xammar afirma haber entrevistado a Hitler.26

Alrededor de las 18 horas, Hitler se encontraba en el Alto Mando de las SA en la Schellingstrasse, donde esperaba a Max Erwin Scheubner-Richter. A las 19 horas Hitler «visitó de nuevo la redacción del Völkischer Beobachter y el Alto Mando de las SA en la Schellingstrasse. Hitler invitó a Rosenberg a ir con él al Bürgerbräu. Hitler se sentó junto al conductor en la parte delantera, su guardaespaldas Graf con Rosenberg en la parte trasera» (Wien 2023, p. 283). Hitler y Rosenberg llegaron al Bürgerbräu poco después de las 20.00 horas (ibid., p. 283).

De la lectura de la literatura secundaria consultada se puede concluir que Hitler apareció solo una vez, visiblemente alterado, en el VB, sobre el mediodía, para informar a personas selectas sobre los planes del putsch, pero que ese día no había estado previamente en la redacción. Probablemente tampoco estuvo en el VB por la tarde, pues Hanfstaengl, que lo estaba buscando, se hubiera percatado de ello. Parece además bien poco probable una entrevista con visitantes extranjeros desconocidos en las salas del VB en la tarde del 8 de noviembre de 1923, debido a los complejos requisitos de organización y comunicación de los preparativos del golpe, el ritmo frenético y la tensión asociados, así como las obligaciones de secreto y seguridad. Al final de la tarde Hitler acude al VB con su chófer, su guardaespaldas y Rosenberg poco antes de partir hacia el Bürgerbräu.

Que Hitler se hubiera tomado un tiempo considerable en estas circunstancias para que dos españoles que le eran desconocidos escucharan sus puntos de vista sobre la cuestión judía, así como sus ideas de política económica,27 es altamente improbable, al igual que es improbable que tal entrevista hubiera pasado desapercibida y nadie la hubiera considerado digna de ser grabada o recordada. Ni Ernst Hanfstaengl, el «enlace con la prensa extranjera» (Hanfstaengl 1970, p. 135), que dedicó varias páginas de sus memorias a los acontecimientos del día de la intentona golpista, ni el diario de Paula Schlier, que trabajaba como secretaria en la redacción del VB, contienen referencia alguna a la entrevista o a los periodistas españoles. Sin duda, ambos habrían considerado notable una entrevista concedida por Hitler el día del golpe.

7. La «entrevista a Hitler» como fuente para la investigación sobre nazismo en Alemania

Una traducción al alemán del artículo de Xammar que contiene la «entrevista a Hitler», fue publicada por primera vez en 2007 por la editorial Berenberg como parte de la colección de artículos titulada Das Schlangenei. Berichte aus dem Deutschland der Inflationsjahre 1922-1924 (Xammar 2007, pp. 145-148).

En un principio no se suscitaron sospechas sobre la autenticidad de la entrevista descrita. Ni había motivos para ello. Y es que la propia introducción editorial a las ediciones catalana y castellana (González Prada 2005, p. 10) no dudaba en ningún momento de que esa entrevista hubiera tenido lugar realmente. Como ya se ha señalado, en el prefacio de la traducción alemana del libro se afirma que a Xammar y Pla «se les concedió una entrevista exclusiva» en la que «Hitler expuso sus planes para el exterminio de los judíos […] con toda franqueza» (Berenberg 2007, p. 9).

El libro en su conjunto fue, con razón, muy bien recibido por periodistas e historiadores alemanes. Y así se inicia la andadura de la «entrevista» en tanto que fuente relevante para la investigación sobre Hitler. A partir de las observaciones introductorias del editor, que nadie puso en tela de juicio, una interpretación se impuso entre los autores de las reseñas. No cabía duda de que la «entrevista» tuvo lugar realmente el 8 de noviembre de 1923.

Christian Welzbacher (Süddeutsche Zeitung, 9 de octubre de 2007) se suma a la conversación sobre una entrevista exclusiva y habla de un «momento periodístico estelar», y Volker Ullrich de «una de las escasas entrevistas que un corresponsal extranjero pudo mantener con Hitler en aquella época, pocas horas antes del intento de golpe de Estado» (Die Zeit, 4 de octubre de 2007). El historiador Ernst Piper (Tagesspiegel 07.01.2008) deduce del texto que Hitler «parloteaba abiertamente sobre sus planes de exterminio de los judíos». La lectura que hace Wera Reusch (Deutschlandfunk 4.10.2007) la lleva a considerar que Hitler explicó en aquella ocasión su programa político con total franqueza y, entre otras cosas, anunció el exterminio de los judíos. Sin embargo, una lectura atenta de la «entrevista a Hitler», como ya se ha argumentado anteriormente, muestra que no puede concluirse que allí se revelaran los planes de Hitler para el exterminio de los judíos.

En 2014, la historiadora Edith Raim analizó en detalle la «entrevista a Hitler». Aspiraba a usar la entrevista para «redefinir el papel del antisemitismo de Hitler en relación con el sorprendente contraste entre la palabra hablada y la escrita» (Raim 2014, p. 53). Podría la entrevista ofrecer evidencias de que Hitler expresaba su antisemitismo de forma más contundente en el discurso oral que en el escrito. Por último, la «entrevista» adquiere su consagración entre los historiadores al ser utilizada como fuente en la edición crítica de Mein Kampf (Institut für Zeitgeschichte 2022, nota 172, en línea). Los historiadores Domeier (2021) y Dipper (2022), por citar dos ejemplos, ya utilizan la «entrevista» en sus obras de forma habitual como fuente plenamente establecida, que no suscita sospechas.

Las reseñas muestran el asombroso poder de los «paratextos», en particular el encuadre mediante prefacios e introducciones. El «encuadre» por parte de editores competentes genera confianza y reduce el posible escepticismo y las dudas sobre la autenticidad de la entrevista. Por eso no es de extrañar que las reseñas de los diarios se basen en lo que queda sentado en los prefacios.28

Por supuesto, se habría esperado un tratamiento más crítico de las fuentes por parte de los historiadores, que tienen que preguntarse qué valor tiene la entrevista como fuente histórica. Independientemente de si la reunión y la entrevista tuvieron lugar realmente o no, una crítica en profundidad de las fuentes podría haber llevado a darse cuenta de que el valor de la entrevista como fuente histórica es extremadamente cuestionable. Los argumentos críticos más importantes contra la autenticidad de la entrevista ya se han mencionado anteriormente.

Una cuestión específica de crítica de fuentes se plantea en relación con la traducción de la que partieron los revisores e historiadores alemanes. Desde este punto de vista, es interesante la traducción del español «eliminar» como «aniquilar». En catalán y castellano, «eliminar» puede significar tanto «retirar, quitar de enmedio» como «aniquilar, exterminar». Dado que Hitler utilizó la frase «quitar de enmedio a los judíos» varias veces, «retirar» también habría sido una traducción posible y plausible en el contexto de la entrevista. Ello sería semánticamente compatible con una expulsión masiva, mientras que si elegimos la traducción en su acepción extrema (exterminar), implica matar y asesinar.

Las dudas sobre la autenticidad de la entrevista sólo se plantearon tardíamente en Alemania, y no por parte del gremio de historiadores. En 2022, Frank Henseleit, redactor, traductor y editor de las obras de Manuel Chaves Nogales, habla de la «entrevista a Hitler» de 1923 (Henseleit 2022, p. 30). Lo hace en el contexto de su introducción al volumen Deutschland im Zeichen des Hakenkreuzes, una recopilación de reportajes de Chaves Nogales desde Alemania en abril y mayo de 1933 para el periódico Ahora29. Utiliza una especie de digresión titulada «Eugeni Xammar y Josep Pla inventan una “entrevista” con Adolf Hitler: una farsa». En esta digresión, acusa a Xammar (y a Pla) de «fraude» en lo tocante a la «entrevista a Hitler» y a la editorial alemana de «dudosa práctica editorial» porque «no investigó el fraude periodístico a pesar de las repetidas referencias» (ibid. p. 35).

Henseleit ve el contenido esencial de la «entrevista» en «el anuncio de Hitler de que quería exterminar a los judíos como programa político prioritario» (ibid., p. 31). Dado que estas declaraciones fueron puestas en boca del «Hitler de la entrevista» por Xammar, Henseleit se pregunta por la motivación subyacente de Xammar. En su opinión, la «entrevista a Hitler» atestigua «un profundo antisemitismo en parte de la élite española y catalana» (ibid.., p. 32). «Las fantasías de Xammar sobre cómo resolver el “problema” […] surgieron de forma bastante obvia de un profundo antisemitismo…». (ibid., p. 33). Pero no hay justificación ni pruebas de que el artículo de Xammar del 24 de noviembre de 1923 exprese, no el antisemitismo de Hitler, sino el de Xammar y el de ciertas élites españolas.

Cabe señalar que Henseleit ha llevado el debate sobre la autenticidad de la entrevista al ámbito germanoparlante, y también coincide en señalar que en la discusión catalana y española es difícil liberarse de la idea de que la «entrevista a Hitler» existió de alguna manera (Henseleit 2022, p. 30s.).

8. Un artículo perfecto sobre el golpe de Hitler, escrito por alguien que no estuvo allí

El relato de Xammar sobre el golpe en el Bürgerbräukeller ha sido ampliamente elogiado en la prensa alemana. Ofrecemos algunos ejemplos: el editor y autor de la introducción, Heinrich von Berenberg (2007), fija el tono: «Ha producido algunas de las mejores y más sarcásticas páginas jamás escritas sobre el golpe de Hitler en Múnich en noviembre de 1923. Casi se podría pensar que Lion Feuchtwanger lo había estudiado antes de escribir su novela política clave Éxito» (2007, p. 9).

Paul Stänner (2008) opina en Deutschlandfunk: «Xammar ve los acontecimientos en Alemania, país que recorrió extensamente, como un espectador teatral que contempla un drama o como alguien que va al cine a ver una película: Hitler como actor en una de vaqueros; la crónica de este golpe de estado entre los vapores de cerveza y los humos de tabaco del Bürgerbräukeller ofrece una descripción encantadoramente cómica de una farsa macabra. Xammar sabía con quién estaba tratando, había entrevistado a Hitler poco antes».

Volker Ullrich (Die Zeit) aprecia en la crónica de Xammar «una de las descripciones más reveladoras de este acontecimiento, que oscila entre la seriedad sangrienta y lo grotesco» (Ullrich 2007). Andreas Mix (Berlíner Zeitung) sintetiza así: «con este reportaje grandilocuente, Xammar caracteriza el golpe de Estado de Hitler como una travesura de aficionados a cargo de pequeños burgueses fanfarrones: un espectáculo hecho de espesa alegría cervecera y grandes gestos» (Mix 2007). Ernst Piper (Tagesspiegel) descubre «un análisis claro de los acontecimientos que expone el intento de putsch en toda su ridiculez» (Piper 2008).

El núcleo decisivo en la presente discusión es el universalmente asumido testimonio presencial de Xammar, que aquí cuestionamos. Si se lee la obra estándar sobre el putsch de Hitler de 1923 de Harold J. Gordon jr. (1971, pp. 256-261), se aprecian claras divergencias con respecto a la versión de Xammar no solo en los detalles, sino también en el curso general de los acontecimientos en el Bürgerbräukeller. Como Xammar escribía para un público español, la exactitud puede haber sido menos importante para él que la exageración y la simplificación efectista, independientemente de si estuvo allí o no.

Lo especial de la descripción que hace Xammar del golpe no constituye el valor principal de su relato, como tampoco la exactitud de lo que describe. El mérito más destacable radica en sus extraordinarias dotes estilísticas, que incluyen la autoironía y el sarcasmo (véase la cita de la sección 1.4). Al principio del artículo sobre el golpe, Xammar escribe con autoironía (consciente de que no estuvo allí):

Elaborar una relación de los hechos que permita al lector hacerse cargo, sin haber estado allí, de lo que ha sido este golpe de Estado de Baviera, reconocemos que es tarea superior a nuestras fuerzas. Lo vamos a intentar, de todos modos, porque ésta es la forma que tenemos de ganarnos la vida y no nos queda otro remedio (Xammar 2005, p. 187).

La prueba de que él mismo no estuvo allí la proporciona un pasaje de sus memorias, grabado en 1974/75, que no puede ser más claro:

Aquella tarde, Josep Pla y yo saciábamos la sed en el Franziskaner Bräu. […] Ya he dicho, ¿no?, que aquella tarde en que Josep Pla y yo nos quitábamos la sed en el Franziskaner Bräu, en otra bodega muniquesa ―la Hofbräu, si no me equivoco― estaban ocurriendo grandes cosas. De corta duración, pero grandes. Para ser exactos, un golpe de Estado organizado por una variopinta colección de grupos y facciones de derechas, tanto autorizados públicamente como clandestinos, encabezados por tres grandes personalidades: el general Ludendorff, primer adjunto del mariscal von Hindenburg durante la guerra, el jefe del gobierno bávaro von Kahr y la joven estrella del delirante patriotismo germánico, Adolf Hitler. Cuando Josep Pla y yo nos acostamos en la noche más bien fría del 9 de noviembre, ni él ni yo teníamos idea de que aquella noche sería histórica. Y, como leímos en los periódicos al día siguiente, de forma espectacular (Xammar 1991, pp. 265 y ss., traducción PRC).30

De hecho, el curso del intento de golpe se conoció con bastante detalle a través de diversas declaraciones de von Kahr, que constituyeron la base de muchos reportajes periodísticos (Bischl 2023). Poco después de frustrar el golpe, parte de la prensa alemana también reconoció el carácter chapucero y grotesco del acontecimiento y lo explotó. El 10 de noviembre de 1923, Ernst Feder puso el título «El fin de la carnavalada» a un suelto en el Berliner Tageblatt, y la noticia se conoció también en América. Larry Rue, que realmente estuvo presente, escribió sobre los acontecimientos en el Chicago Tribune del 11 de noviembre bajo el título «Tribune Man Gives First Eyewitness Story of Ludendorff’s Ill-fated Bavarian Coup». El artículo también inventa el término «opera bouffe revolt» para referirse al intento de golpe.31

Por lo tanto, Xammar aún tuvo tiempo de hacer consultas, reunirse con colegas, leer periódicos alemanes e internacionales y trabajar en su artículo, que se publicó el 17 de noviembre de 1923 en el periódico catalán La Veu de Catalunya con el título «El golpe de estado como espectáculo» (2005, pp. 187-192.).

9 Consideraciones finales

En esta contribución al debate, hemos presentado argumentos en defensa de la opinión de que esta «entrevista», no confirmada por nadie ―ni por el propio Xammar ni por nadie más―, nunca tuvo lugar. Consideramos necesario invertir la carga de la prueba. No es necesario probar que la entrevista no tuvo lugar, sino que deben encontrarse pruebas positivas que demuestren, en su caso, que la entrevista en cuestión sí tuvo lugar. Mientras no existan tales pruebas, hay que suponer que la entrevista es una invención literaria.

Los historiadores deberían renunciar a la entrevista como fuente fiable. Hay cierta paradoja en el hecho de que Eugeni Xammar probablemente nunca habló de su entrevista inventada para no quedar como un falsario ante el gremio de historiadores y el público. Este silencio, sin embargo, hizo posible que la «entrevista» fuera considerada auténtica y utilizada como fuente histórica cuando fue redescubierta y reeditada.

Otro resultado importante de la discusión aquí presentada es que, aun si surgieran pruebas de una conversación entre Xammar y Hitler, la «entrevista a Hitler» no pasaría a ser una fuente históricamente fiable. Porque es más que obvio que los comentarios de Hitler en esta «entrevista» dependen decisivamente de la imaginación literaria de Xammar.

La extraordinaria influencia de los prólogos e introducciones de editores y redactores de renombre en la percepción e interpretación de los textos en las reseñas pertinentes resulta ser asombrosa. La fiabilidad y reputación de estas autoridades han impedido que se plantearan preguntas escépticas y se acometiera la imprescindible crítica de fuentes.

Un ejemplo que pone especialmente de manifiesto este problema es la interpretación de los pasajes sobre la cuestión judía en la «entrevista». Los editores y redactores han marcado la pauta. Se quisieron adivinar evidencias de los planes de Hitler para exterminar a los judíos e incluso se prefiguró el Holocausto y la Solución Final. Algunos incluso consideran que el texto es profético en este sentido.

Pero el texto, leído con atención, no permite tales interpretaciones. Proyecciones retrospectivas tras la catástrofe conducen a falsas interpretaciones científicamente inadmisibles. Estas interpretaciones también ignoran y distorsionan la evidente intención de Xammar. No pretendía profetizar nada, sino presentar a Hitler y su antisemitismo fanático como espantosos y al mismo tiempo como francamente ridículos y grotescos.

Una falsificación es una falsificación. De acuerdo con ello, Xammar no puede ser exonerado de la acusación de haber violado la ética profesional periodística. De otro orden es la cuestión del daño que Xammar pueda haber causado con su falsa entrevista. El perjuicio causado a sus lectores es probablemente insignificante. Del lado positivo, Xammar demostró drásticamente a sus lectores el antisemitismo radical y eliminatorio de Hitler, pero también les proporcionó un conocimiento detallado de la Baviera antisemita cuando informó sobre la expulsión de los judíos orientales en Baviera o sobre el conflicto del NSDAP con la Iglesia católica en la persona del cardenal Michael von Faulhaber.

El valor principal de los reportajes de Xammar desde Alemania, según nuestra interpretación, estribaba no en su factualidad (que a menudo era deficiente), sino en su conocimiento excepcionalmente bueno de la situación alemana y su estilo inconfundible y ameno, que se unían para formar una forma específica de infoentretenimiento.

En aras a una evaluación ponderada, que no solo aplique los estándares actuales al pasado, habría que incluir también las condiciones de contorno características de la «industria periodística española y sus estilos de redacción» en el marco de una crítica de fuentes extendida, «a fin de comprender los contextos en los que se escribieron los artículos» (Welzbacher 2007).

Merece la pena recordar la apreciación de Permanyer de que una entrevista ficticia era por entonces totalmente acorde con el carácter de Xammar y Pla y con el estilo de la época. La referencia al estilo de la época es interesante porque podría significar que (ya) entonces, en los años veinte, era más importante ofrecer una buena historia que una que se ciñera estrictamente a los hechos y en la que fuera esencial haber estado allí.

Una buena historia significaba contar al lector algo emocionante desde una perspectiva en primera persona. Para ello era útil la garantía explícita de que el reportero era un testigo presencial. Esto puede verse también, por ejemplo, en el caso del periodista y reportero estrella Manuel Chaves Nogales, aureolado como ningún otro por el prestigio de ser el «hombre que estuvo allí». En su reportaje sobre la defensa de Madrid durante la guerra civil, dice estar presente en Madrid como autor, pero como persona es demostrable que estuvo en Valencia durante aquellos días (Morató 2023, p. 20).

Xammar no pudo defraudar las expectativas de los lectores de la época en cuanto a la exigencia de que el autor estuviera allí e informara de experiencias vividas. Sus artículos, ambientados en el día del golpe hitleriano del 8 de noviembre de 1923, habrían resultado frustrantes y aburridos si se hubieran limitado a ser una recopilación de lo que había leído y de lo que había averiguado a través de conversaciones. La «entrevista» también podría haberse reconstruido y presentado como un relato del antisemitismo radical y fanático de Adolf Hitler a partir de discursos, documentos y conversaciones con nazis. Pero ello no era una opción atrayente. Frente a un Adolf Hitler indefenso en la cárcel, Xammar se arriesgó a intentar sacar adelante una entrevista ficticia a modo de esperpento que sacara chispas de un tema que en aquel momento solo interesaba moderadamente (estando el NSDAP ilegalizado e Hitler en la cárcel).

Se entiendan como se entiendan, los artículos de Xammar del 8 de noviembre de 1923 siguen inspirándonos hoy en día para reflexionar sobre las falsificaciones, la verdad literaria y la crítica rigurosa de las fuentes.

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Notas

[1] La Veu de Catalunya era el portavoz catalán del partido nacionalista catalán conservador burgués Lliga Regionalista, dirigido por Francesc Cambó. Además de los dos artículos periodísticos mencionados, Xammar también publicó, sobre el putsch de Hitler, el artículo «Von Kahr explica el golpe de estado de Múnich» (ibid., pp. 200-203) el 23 de noviembre de 1923. Más de un mes antes, el 9 de octubre de 1923, ya había presentado en el mismo periódico una breve y cáustica caracterización de Hitler, basada en una fotografía (ibid., pp. 168-169). Las citas de los artículos se retoman en la traducción de Ana Prieto Nadal (Xammar 2007).

[2] Políticamente, cabe destacar que la censura establecida por Primo de Rivera (13.9.1923-28.1.1930) intervino en en el texto de Xammar del 24 de noviembre tachando tres líneas de una columna. Una y otra vez se ha conjeturado que la supresión afectaba a un pasaje sobre la expulsión de los judíos de España. Otro motivo de cábalas es el hecho de que Xammar dejara de escribir para La Veu de Catalunya por un tiempo, tras el 24 de noviembre, lo cual ha sido puesto en relación, sin pruebas pero sin titubeos, con el artículo censurado que, según se dice, le costó el puesto (González Prada 1998, von Berenberg 2007, Henseleit 2022). Por cierto, el artículo apareció cuatro días después, en castellano, (sin los pasajes tachados y, por supuesto, sin el texto desconocido previamente redactado para La Veu de Catalunya) en La Correspondencia de Valencia (Xammar 1923, en línea), periódico que en aquel momento representaba la posición de los regionalistas valencianos próximos a Francesc Cambó. Sobre la valoración política de los acontecimientos en el seno de la Lliga Regionalista y sus órganos de prensa, hay que señalar que muchos catalanistas conservadores de la Lliga, aunque no todos, acogieron favorablemente la dictadura de Primo de Rivera, al menos en un primer momento (Smith 2010). Ello llevó a una virtual escisión dentro de La Correspondencia de Valencia, con algunos opositores a la dictadura que abandonaron la redacción (entrada «La Correspondencia de Valencia» en Enciclopèdia.cat 2024, en línea).

[3] Cabe añadir en este punto que el posteriormente célebre periodista y escritor Josep Pla publicó un artículo titulado «Cosas de Baviera: Hitler (monólogo)» en el diario catalán La Publicitat unos días más tarde que Xammar, concretamente el 28 de noviembre. El contenido de este artículo se supone también inspirado en el encuentro con Hitler (Xammar 2005, pp. 208-213). «El monólogo de Hitler» debe considerarse tan ficticio como la «Entrevista a Hitler». Por cierto, no cabe duda de que el alemán era una lengua del todo ajena para Pla.

[4] En 1998, se publicaron de nuevo los artículos de Xammar de los años 1922-1924 en catalán con el título L’ou de la serp (Xammar 1998). En 2005 se tradujeron al castellano (El huevo de la serpiente, Xammar 2005). Una traducción al alemán de la colección de ensayos titulada Das Schlangenei. Berichte aus dem Deutschland der Inflationsjahre 1922-1924 [El huevo de la serpiente. Informes desde la Alemania de los años de la inflación, 1922-1924] fue publicada por Berenberg Verlag (Xammar 2007). Los artículos escritos para Ahora en los años treinta han aparecido en 2005 con el título Crónicas desde Berlín (1930-1936).

[5] Los artículos disponibles en línea de Charo González Prada (1998) y Jordi Amat (2019) ofrecen una breve información sobre la figura de Xammar, al igual que la excelente introducción de Charo González Prada (2005) a las Crónicas desde Berlín.

[6] A Xammar lo describe Josep Pla como «terrible devorador de diarios» (cit. González Prada 2005, p. 18).

[7] La Deutscher Kampfbund [liga alemana de combatientes], una coalición de organizaciones paramilitares, incluía a las SA (Hermann Göring), la Bund Reichsflagge [liga de la bandera imperial] (Adolf Heiß) y la Bund Oberland [liga del Oberland] (Friedrich Weber). El líder militar de la Kampfbund era el teniente coronel retirado Hermann Kriebel (1878-1941), mientras que Max Erwin von Scheubner-Richter (1884-1923) ocupaba el cargo de director gerente. Adolf Hitler asumió la dirección política de la Kampfbund el 25 de septiembre de 1923 (Zelnhefer 2024).

[8] Tanto la versión en catalán del artículo como la publicada en castellano están disponibles en línea (véase en la bibliografía: Xammar 1923).

[9] La historiadora Edith Raim, que asume la autenticidad de la «entrevista», confirma sin querer la impresión de que se trata de un montaje. De la «entrevista» deduce que el 8 de noviembre de 1923 Hitler se dirigió a los periodistas catalanes de forma «ordenada y locuaz» y especula con la posibilidad de que se sintiera «animado a hablar abiertamente por la perspectiva de la proyectada “toma del poder a través del golpe» y que el lenguaje inusualmente claro pudiera estar relacionado con el hecho de que reconociera «espíritus afines» en los españoles, que se declaraban partidarios del dictador Primo de Rivera (Raim 2014, pp. 58-60).

[10] Estos tres autores examinaron explícitamente la cuestión de la autenticidad de la entrevista. Las dudas sobre el carácter genuino de esta también emergen como comentarios colaterales de otros autores, como el ya mencionado Jordi Amat (2019). El historiador e investigador de medios de comunicación Guillamet Lloveras escribe: «Una hipòtesi versemblant és que es tracti d’una entrevista fictícia» (2022, p. 16 ss.). El historiador Josep Maria Fradera (citado en Nopca 2023, en línea) afirma: «es lícito preguntarse si la famosa entrevista se produjo o no».

[11] De hecho, es improbable que Hitler accediera a revelar nada nuevo a dos desconocidos. No obstante, contrariamente a lo que sugiere Sánchez Piñol, según la opinión que desarrollaremos más adelante (véase la sección 5 para más detalles), la «entrevista» no ofrece datos nuevos sobre el exterminio de los judíos, sino que se nutre de generalidades, bien conocidas, del entorno antisemita.

[12] Es difícil juzgar hasta qué punto Hitler conocía la historia española. Al menos merece la pena mencionar que en «Mein Kampf» no se ocupa de la expulsión de los judíos por parte de los Reyes Católicos. En otro lugar presenta al dictador español Primo de Rivera como una especie de Mussolini: «Un general catalán marchó contra Madrid, primero con una brigada, pero luego con una división, y finalmente todo el país se puso a sus pies. Cuando se pone en marcha, todavía no está ganada toda España, Madrid no es España, pero está ganada» (Jäckl/Kuhn 1986, p. 1116 (28 de febrero de 1924, el tercer día de instrucción en el juicio Hitler-Ludendorff).

[13] En el original: «Quin parell. Veuen com eren uns genis? Fins i tot quan l’espifien no pots no parlar d’ells».

[14] Alfred Rosenberg, a la sazón redactor jefe del VB, estaba manifiestamente muy interesado por la recién instaurada dictadura española, como demuestra una anotación del diario de Paula Schlier. Schlier era periodista de tendencia socialdemócrata. Se hizo emplear por el VB como secretaria con el fin de obtener encubiertamente información sobre el NSDAP. Anota en su diario que el 28 de octubre de 1923, un partidario español de Primo de Rivera acudió a la redacción y mantuvo una enjundiosa conversación con Rosenberg: «Hoy ha estado aquí un español, un revolucionario fanático, que ha traído noticias del vuelco político en su patria. Fue recibido como un príncipe y se sentó en la habitación del redactor jefe. R. me había mandado llamar para que ayudara a taquigrafiar lo más sustancial del relato del español. […] Durante el relato de este, me pareció que el redactor jefe se sentía cada vez más boyante y animado. Se levantó y estrechó la mano del español. Su ironía se había desvanecido. No llegó a decir: “la revolución de España será un incentivo para nosotros; pero se le leía en la mirada que dirigió a los ojos del extranjero mientras lo acompañaba a la puerta» (Schlier 2018, ebook, p. 85).

[15] Las notas de Leo Lania son interesantes en este contexto. También en octubre de 1923, este periodista políticamente de izquierdas, que hablaba un excelente italiano, se había presentado de incógnito en la redacción del VB con una carta de recomendación falsificada del hermano de Mussolini como «enlace entre el partido fascista y el “movimiento hermano alemán» (Lania 1954, p. 227). Recibió un trato excelente, se le asignó un intérprete, mantuvo conversaciones con Hitler y otros peces gordos nazis antes de ser desenmascarado al cabo de ocho días y lograr salir con vida a duras penas. Su experiencia demuestra el gran interés de los nacionalsocialistas por los contactos con los fascistas italianos. Basándose en sus encuentros con Hitler, escribió: «Su convicción [la de Hitler] de su misión y su grandeza era absolutamente genuina. En este sentido era franco. También en su antisemitismo» (1954, p. 227). Lania comprendió asimismo que Hitler reunía entre sus objetivos la futura conquista del poder con la militarización de Alemania y una nueva guerra. Poco tiempo después, Lania escribió sobre sus aventuras y hallazgos en el Vossische Zeitung.

[16] El rechazo de los pogromos se encuentra explícitamente en los siguientes documentos: (1) Jäckel/Kuhn 1986, documento nº 61: Múnich, 16 de septiembre de 1919: Carta a Adolf Gemlich = dictamen pericial sobre antisemitismo elaborado por encargo de sus superiores militares, pp. 88-90 y ss. (2) Jäckel/Kuhn 1986, documento nº 91: Múnich, 6 de abril de 1920: Contribución al debate en una reunión del NSDAP, pp. 119 ss. (3) Jäckel/Kuhn 1986, documento nº 136: Múnich, 13 de agosto de 1920: Discurso en una reunión del NSDAP, «¿Por qué somos antisemitas?», pp. 184-204.

[17] Y en caso de que Xammar se hubiera inventado la «entrevista», según añade Espada, entonces el periodista habría predicho proféticamente la solución final. Pero esta opinión no se ve respaldada por el texto, ni por la intención de Xammar. Xammar no quería cuchichear sobre un futuro sombrío, sino, según el punto de vista aquí propuesto, hacer ver a sus lectores que las opiniones de Hitler sobre el problema judío eran, ciertamente espantosas, pero también «divertidísimas» (Xammar 2005, p. 208) y que no había que tomar en serio a Hitler.

[18] Roman Töppel, investigador de los antisemitas contemporáneos que influyeron de forma particular en el pensamiento racial de Hitler, nombra a Richard Wagner, Houston Stewart Chamberlain, Julius Langbehn, Heinrich Claß, Theodor Fritsch, Erwin Baur, Eugen Fischer, Fritz Lenz, así como a Paul Bang, Dietrich Eckart, Otto Hauser, Hans F. K. Günther y Alfred Rosenberg (Töppel 2016, p. 31).

[19] Töppel también señala (2016, p. 21) que «judío» y «judaico» acabaron convirtiéndose en claves de todo aquello contra lo que luchaban los nacionalsocialistas. Y, en efecto, citas en que se asocia judaísmo con marxismo, pacifismo y democracia se encuentran con frecuencia. He aquí un ejemplo: «Alemania solo podrá vivir si se barre con escoba de hierro la pocilga de la corrupción judía, la hipocresía democrática y el fraude socialista» (Völkischer Beobachter, 15 de mayo de 1921, reimpreso en Jäckel/Kuhn 1986, pp. 393 y ss.).

[20] Hitler concedió la primera entrevista destinada al exterior al corresponsal en el extranjero Karl von Wiegand, la cual apareció en The Bridgeport Telegram el 13 de noviembre de 1922 (Domeier 2021, p. 350). El corresponsal del diario ABC en Berlín, Javier Bueno García, que firmaba sus artículos como Azpeitua, publicó la que probablemente sea la primera entrevista con Hitler en un periódico español el 6 de abril de 1923 (Pla Barbero 2018, en línea).

[21] En el original: «The Jews are not German. They are an alien people in our midst and manifest themselves as such […] We are like a consumptive, who does not realize that he is doomed unless he expels the microbes from his lungs. Nations, like individuals, are apt to dance most wildly when they are nearest the abyss. Hence, I say, we need violent correctives, strong medicine, maybe amputation. […] We wish to purge ourselves from the Jews not because they are Jews, but because they are a disturbing influence».

[22] Para reconstruir los acontecimientos del 8 de noviembre de 1923 hemos usado principalmente el meticuloso trabajo de Bernhard Wien sobre los intentos de golpe de Estado de 1923 (Wien 2023). Sin embargo, ha de señalarse que la comunidad investigadora no parece haber elaborado ninguna cronología confirmada y detallada de lo que hizo Hitler ese día.

[23] Hitler había hablado con Esser tan solo unas horas antes, pero ello no descarta que hiciera además una visita al «afectado en su salud» (Wien 2023, p. 311). En cualquier caso, está claro que Esser participó de diversas formas el 8 de noviembre de 1923, por ejemplo, en las labores de propaganda que respaldaron el putsch (ibid., p. 307 y ss.) o como orador en el Löwenbräukeller por la noche (ibid., p. 311 y ss.).

[24] Paula Schlier describe vigorosamente lo ocurrido en la redacción en la noche del 8 de noviembre y al día siguiente en su diario, que fue publicado más tarde (Schlier 2018).

[25] En la entrada de Wikipedia sobre Eduard Dietl (Wikipedia: Eduard_Dietl 2024) se afirma que desde la primavera de 1923 impartía entrenamiento militar a las SA de Múnich; en la noche del 8 de noviembre de 1923 se iba a celebrar una sesión de entrenamiento nocturno para unidades de las SA, la Liga del Oberland y la Hermannbund. Es plausible suponer que Hitler se reunió con Dietl la tarde anterior al golpe planeado, en el cual estaba previsto que se desplegaran tropas de la Kampfbund.

[26] Por cierto, el propio Xammar ofrece indicaciones falsas sobre el paradero de Hitler en la tarde del 8 de noviembre de 1923, pues escribe en su artículo del 23 de noviembre «Von Kahr explica el golpe de Múnich» que Hitler había estado asistiendo a una reunión con von Kahr en esas horas. Es evidente que no fue así. Los hechos son complicados y sólo tienen un interés marginal. El artículo de Xammar se basa en una declaración bien documentada del Comisariado General del Estado del 9 de noviembre de 1923 y en otra declaración procedente de una conferencia de prensa el 10 de noviembre de 1923, a la que Xammar asistió. Xammar cita a von Kahr así: «En la tarde del ocho de noviembre, me reuní con representantes de las asociaciones y sociedades patrióticas para una discusión final». Allí, von Kahr argumentó que era demasiado pronto para la acción directa y continuó: «Esa es mi opinión, y después de darla a conocer, todos los presentes, incluidos Hitler y Ludendorff, estuvieron de acuerdo». En su declaración, sin embargo, von Kahr hace referencia a una reunión celebrada el 6 de noviembre. Dice textualmente: «Dos días antes de la reunión, que fue interrumpida por el ataque de Hitler, mantuve una discusión profunda y confidencial con todos los representantes y dirigentes de las asociaciones nacionales bávaras; Hitler y el jefe militar de la Kampfbund también estaban presentes» (Bischel 2023, p. 68: declaraciones en la rueda de prensa del Comisariado General del Estado del 10 de noviembre de 1923). Así que ello ocurría sobre la tarde del 6 de noviembre. A ello se añade, cosa que Xammar no podía saber, que más tarde, el 10 de diciembre, la Comisaría General del Estado tuvo incluso que admitir «que Hitler no estaba presente en el debate» (Bischel 2023, p. 105). Pla Barbero (2018 en línea) supone, basándose en el engañoso artículo de Xammar, que Hitler asistió a la reunión en la tarde del 8 de noviembre y que, por tanto, sólo tuvo tiempo de reunirse con Xammar y Pla en la mañana del 8 de noviembre.

[27] «Mañana tendremos ocasión de exponer sus concepciones económicas y políticas» (Xammar 2005, p. 208), se anuncia al final de la «entrevista». Según los editores alemanes , el artículo anunciado no se materializó porque Xammar dejó de ser empleado de La Veu de Catalunya después de la primera parte de la «entrevista» (Xammar 2005, p. 148).

[28] Otras reseñas que también dan por supuesta la autenticidad de la entrevista proceden de Sabine Fröhlich (NZZ, 8 de octubre de 2007), Marie Luise Knott (taz, 13 de octubre de 2007), Rainer Hank (FAZ, 3 de junio de 2008), Wolfgang Benz (Zeitschrift für Geschichtswissenschaft 2007), s.a. (Cicero 2007) y, en fecha más reciente, Armin Fuhrer (Focus, 3 de junio de 2022).

[29] Una reseña detallada de este libro se publicó en Spanienecho (Böhle 2024).

[30] En el original: «Aquell vespre Josep Pla i jo ens fèiem passar la set al celler de la Franziskaner Bräu […]. Deia, doncs, que aquell vespre, mentre Josep Pla i jo ens fèiem passar la set a la Franziskaner Bräu, en un altre celler de Munic ―el de la Hofbräu, si no vaig errat― passaven coses grosses. Efímeres, però grosses. Exactament, un cop d’Estat organitzat per una munió bigarrada de grups i grupets de dreta, públics i clandestins, al davant de la qual s’havien posat tres grans personatges: el general Ludendorff, primer lloctinent del mariscal Von Hindenburg du­rant la guerra, el cap del govern bavarès Von Kahr, i la jove estrella del patriotisme germànic delirant, Adolf Hit­ler. En ficar-nos al llit Josep Pla i jo, aquella nit del 9 de novembre era més aviat freda, ni ell ni jo no sospitàvem que fos històrica. Ho fou, segons llegírem als diaris de l’endemà d’una manera espectacular» (Xammar 1991, pp. 265 y ss.).

[31] Un capítulo del libro de Gary Klein (1997) examina el tratamiento periodístico del golpe y el eco producido en tres periódicos: New York Times, Chicago Daily Tribune y Chicago Daily News. Según Klein, Ludendorff estuvo mucho más expuesto a las implacables burlas y mofas de la prensa estadounidense que Hitler (p. 18). En una caricatura, él, y no Hitler (como en Xammar), aparece como «dictador por un día». Katherine Blunt (2015) analizó la valoración de Hitler realizada en el New York Times, The Christian Science Monitor y The Washington Post antes y después del putsch de Hitler (1923-1924). Llega a la conclusión de que Hitler había dejado de ser tomado en serio tras el fallido golpe, y que su posterior ascenso fue una sorpresa para muchos estadounidenses.


Eugeni Xammar: El huevo de la serpiente; traducción de Ana Prieto Nadal; presentación de Charo González Prada. El Acantila­do: Barcelona 2005; ISBN: 9788496489165

  • El golpe de Estado como espectáculo, pp. 187-192.
  • Adolf Hitler o la necedad desencadenada, pp. 204-208.


Manuel Chaves Nogales: Alemania bajo el signo de la esvástica

Cómo un enviado especial español supo calar, ya en mayo de 1933, la dictadura nazi

Reseña de Knud Böhle (en alemán: Spanienecho, 15 de febrero de 2024), traducción de Pascual Riesco Chueca (Spanienecho, 15 de marzo de 2024)


1. El reportaje en su contexto

1.1 Una valoración inicial, como crítica temprana de la dictadura nazi

Manuel Chaves, subdirector y redactor jefe del diario Ahora, viajó a la Alemania nazi como enviado especial en la primavera de 1933.1 Su reportaje desde la Alemania nazi pocas semanas después de la toma del poder es, dentro de sus obras, la que más condiciones reúne para interpelar directamente al público alemán.

El reportaje ofrece una imagen del naciente régimen nazi que impresiona por su complejidad, y describe sus instrumentos ideológicos y de poder político. Lo más difícil de la tarea periodística era probablemente configurar las observaciones y hallazgos de forma que los lectores españoles encontraran los informes apasionantes, comprensibles y convincentes.

La mayoría de sus apreciaciones siguen siendo válidas hoy en día. Con todo, no importa saber si Manuel Chaves acertó en todos sus juicios. El valor principal del reportaje reside hoy en el hecho de que ofrece una instantánea auténtica de lo que una mente despierta de entonces podía observar y concluir. Cabe considerarlo como uno de los primeros análisis críticos del nacionalsocialismo, recién llegado al poder.2

El reportaje quedó tan bien estructurado que, al leer el libro, es fácil olvidar que los artículos de que se compone eran inicialmente piezas separadas redactadas poco a poco durante un viaje de varias semanas a Alemania. Desde el punto de vista técnico, las distintas contribuciones se transmitieron al equipo editorial de Madrid por teléfono y fueron transcritas en tiempo real por mecanógrafos altamente profesionales. A continuación, se procedió a la composición tipográfica y a la integración texto-imagen (González Prada 2005, p. 21).

Lo que ahora se presenta en forma de libro fue en su origen una serie de trece artículos publicados entre el 14 de mayo y el 28 de mayo de 1933 en el diario madrileño Ahora. Diario gráfico. Fundado en 1930, Ahora fue un importante diario liberal-burgués de Madrid durante la Segunda República Española (1931-1939), con unos 100.000 lectores. Era próximo a las ideas y a la política del entonces presidente del gobierno, Manuel Azaña.3

El añadido Diario gráfico hace referencia a las numerosas ilustraciones en huecograbado, que eran una de las características particulares del periódico. Texto e imagen forman un todo. Lo mismo ocurre con los reportajes de Manuel Chaves. Las fotos, algunas tomadas por el propio autor, pero en su mayoría procedentes de otras fuentes, autentifican e ilustran lo explicado en el texto. Uno de los méritos de la edición alemana es contener la mayoría de las fotos del reportaje. Puede decirse, hablando de modo general, que una entrega típica llenaba una doble página del diario. En el texto se incluían de cuatro a cinco fotos con leyendas explicativas.

Leyenda: Muestra de la coordinación entre texto e imagen en el artículo sobre «la conquista de la juventud». Fuente: Ahora, número 761, 23 de mayo de 1933 (digitalizado y accesible en la Biblioteca Digital Memoria de Madrid (véase nota 3).

1.2 Cualidades periodísticas del reportaje

Con olfato periodístico, distanciándose de la ideología nazi y adoptando la perspectiva exterior de un observador democrático, Manuel Chaves consigue vislumbrar las condiciones necesarias de éxito y los principios funcionales de la dictadura que se estaba estableciendo, y expresarlos de forma vigorosamente narrativa. Chaves nunca da lecciones, no alardea de sus conocimientos, no argumenta teóricamente, sino que se basa siempre en su práctica de observación y en sus experiencias.4

Entre las vivencias pasadas que agudizaron su visión de la situación alemana se incluyen los años de dictadura en España bajo el general Primo de Rivera (1923-1930) y la experiencia adquirida en sus viajes acerca de la situación política en la Unión Soviética y la Italia de Mussolini.

A diferencia de muchos observadores de la época, se tomó en serio dos objetivos de Hitler y del nacionalsocialismo que habían sido articulados mucho antes de la toma del poder: la guerra y la eliminación de los judíos. Por este motivo, la recopilación de pruebas sobre el esfuerzo armamentístico y los preparativos de guerra, así como sobre la incipiente «extirpación metódica de los judíos» adquieren una importancia central en su investigación.

La visible progresión y éxito de los movimientos fascistas en Europa y la cuestión aneja sobre si ello suponía una amenaza para la República española proclamada en 1931 constituyen el marco de referencia adicional de su interés por profundizar en la cuestión. Es probable que su gráfica presentación de lo que implicaba vivir bajo la esvástica, un existir en un sistema totalitario, haya tenido un efecto disuasorio en la mayoría de los lectores de Ahora. Sin embargo, hay que tener en cuenta también que en España ya existía entonces una prensa de derechas y extrema derecha que pintaba una imagen bien distinta del nacionalsocialismo.

En sus reportajes, Manuel Chaves hace uso de todos los recursos del periodismo: a veces las fotos dominan el texto, a veces se registran con meticulosidad cifras y datos, y otras veces se describe una anécdota o una escena conmovedora. La visita a un campo de trabajadores voluntarios es documentada y reflejada con esmero. Se alternan referencias a conversaciones con «alemanes medios» y altos funcionarios, así como declaraciones públicas de cuadros del partido. Una entrevista con Joseph Goebbels es el centro de otro artículo.

Se incorporan reflexiones sobre el carácter de los alemanes, intercaladas aquí y allá, y se esboza el escenario distópico de un futuro nacionalsocialista con niños arios fabricados en serie. Las comparaciones entre Alemania y España se desarrollan como juegos de la imaginación: qué vendría a significar en particular tal o cual medida trasladada a las condiciones españolas. Además, se abordan temas de actualidad germano-española que preocupaban a la opinión pública española de la época (por ejemplo, si hubo entregas secretas de armas a la Alemania nazi o cómo se comportaba la embajada española en Berlín con los judíos alemanes deseosos de emigrar).

1.3 La aportación de Eugeni Xammar

Desde 1930, año de su fundación, Ahora contaba con un corresponsal permanente en Berlín: Eugeni Xammar, quien ya había trabajado como corresponsal para varios periódicos en Alemania desde 1922 (González Prada 2005, p. 20). Xammar, que por cierto estaba casado desde 1922 con Amanda Fürstenwerth, de Neumünster, resultaba ser un excelente conocedor de la historia y la política alemanas. También fue agregado de prensa de la embajada española y vicepresidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Alemania (VAP).5

Manuel Chaves supo utilizar los precisos conocimientos de Xammar sobre los inicios y el ascenso del NSDAP y su política desde la llegada al poder, su red personal y sus contactos a través de la embajada española y el VAP. Cabe añadir el perfecto conocimiento del alemán que tenía Xammar. Testimonio de ello es su traducción del Dr. Faustus de Thomas Mann al español, publicada en 1951 (Buenos Aires Ed. Sudamericana), que se ha reeditado una y otra vez hasta nuestros días. Manuel Chaves, por su parte, tenía en el mejor de los casos un conocimiento rudimentario del alemán, «… y es completamente desconcertante cómo pudo entablar contacto con la población, ya que no sabía nada de alemán: cualquier información en sentido contrario sería una sorpresa» (Henseleit 2022, p. 21). Xammar habrá estado presente al menos en algunas de las citas a las que acudió Chaves. La realización de la entrevista con Goebbels, uno de los momentos históricamente relevantes del viaje, es también difícilmente concebible sin la participación de Xammar. Ambos periodistas se tenían en gran estima, y acababan de hacer un viaje conjunto a la Italia fascista (González Prada 2005, p. 21). Los lectores de Ahora se beneficiaban de esta colaboración. Eran informados de los acontecimientos en la Alemania nazi por Xammar así como por Manuel Chaves: con regularidad continuada, a través de la columna de Xammar; y en mayo de 1933, adicionalmente, a través del reportaje seriado de Manuel Chaves.

1.4 Importancia del reportaje para la ciencia histórica

El libro es de interés para los historiadores por tres razones. En primer lugar, como documento testimonial contemporáneo y relato visual, entre otras cosas, de la visita al campo FAD de Biesenthal [FAD = Servicio de Trabajo Voluntario; el Servicio de Trabajo del Reich, RAD, no fue creado hasta junio de 1935], situado al noreste de Berlín, cuya militarización por los nazis fue documentada por Manuel Chaves. En segundo lugar, el reportaje desde Alemania en el nº 760 del periódico, el 21 de mayo, contiene una entrevista con el Ministro del Reich de Ilustración Popular y Propaganda, Joseph Goebbels (véase en una sección ulterior). En tercer lugar, las recientes investigaciones sobre el nacionalsocialismo despliegan un interés creciente por las relaciones mantenidas por la dictadura nazi con el público internacional, del que los corresponsales extranjeros formaban una parte destacada. Los artículos de Xammar y Chaves sobre la Alemania nazi también merecen interés en este contexto. La dictadura nacionalsocialista no era en modo alguno indiferente a la forma en que se pensaba sobre ella y se informaba sobre ella.6

Para situar mejor el reportaje, conviene recordar brevemente el momento histórico y el contexto al que pertenece, en su relación con Alemania y España.

1.5 El contexto político en Alemania

Según una fecha dada por Manuel Chaves (p. 27), parece verosímil que viajara a Alemania a mediados de abril de 1933. Por entonces ya se habían tomado importantes medidas contra los opositores al nacionalsocialismo y los partidarios de la República de Weimar, y la instauración de la dictadura totalitaria estaba plenamente en marcha. Los lectores de Ahora interesados en Alemania estaban al corriente gracias a los artículos de Xammar.7

  • 30 de enero: Toma del poder = el Presidente del Reich Paul von Hindenburg nombra a Adolf Hitler Canciller del Reich;
  • 4 de febrero: Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo Alemán (viene a anular en gran medida los derechos fundamentales constitucionales de libertad de reunión y libertad de prensa);
  • 28 de febrero: Incendio del Reichstag (sede del parlamento) / Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y del Estado;
  • 5 de marzo: Elecciones al Reichstag;
  • 13 de marzo: Creación del Ministerio de Ilustración Popular y Propaganda del Reich;
  • 20 y 21 de marzo: Se organizan los campos de concentración para presos políticos de Dachau y Sachsenhausen;
  • 23 de marzo: Ley Habilitante (poderes legislativos ilimitados para el Gobierno);
  • 1 de abril: Llamamiento a un boicot contra los comercios judíos y contra profesionales judíos (médicos y abogados);
  • 7 de abril: La Ley para la Restauración del Funcionariado Público Profesional (destinada a apartar del servicio público a personas de origen judío, opositores políticos y otras personas indeseadas y privarlas de su medio de vida. Al mismo tiempo, ello significaba asegurar puestos de trabajo y cargos a los miembros del NSDAP y otros nazis);
  • 11 de abril: Introducción del «certificado ario».

Durante el tiempo en que Manuel Chaves estuvo en Alemania, fue testigo de la aplicación y las consecuencias de las medidas mencionadas. Por otra parte, hubo otros hechos decisivos que el periodista pudo vivir en directo:

  • 1 de mayo: El Día Nacional del Trabajo como acto multitudinario con apoyo sindical;
  • 2 de mayo: Desmantelamiento de los sindicatos;
  • 10 de mayo: Creación del Frente Obrero Alemán (DAF);
  • 10 y 11 de mayo: Quema de libros en la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, momento cumbre de la «Acción contra el espíritu no alemán», que había comenzado en marzo de 1933; hasta octubre se quemaron libros en al menos otras dieciocho universidades alemanas.

Hacia el final de su estancia hubo Chaves de constatar lo siguiente: «Todos los adversarios del nacionalsocialismo han sucumbido» (p. 114); bien se habían pasado a los nacionalsocialistas, bien habían sido encarcelados, o se habían suicidado o habían huido al extranjero «en busca de la Libertad que el pueblo germánico ha creído superflua» (p. 115).

1.6 El contexto político en España

La situación política en España en mayo de 1933 puede esbozarse como sigue. No hacía mucho que había terminado la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1923 a 1930), a quien algunos contemporáneos habían llamado el Mussolini español. Tras un interludio, el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República Española. El monarca, Alfonso XIII, abandonó España días después, el 17 de abril. Tras las elecciones del 28 de junio de 1931, todavía sin derecho al voto femenino, se formó una coalición entre partidos burgueses y el PSOE (Partido Socialista Obrero Español). El primer Presidente del Gobierno fue Manuel Azaña, a quien Manuel Chaves conocía personalmente. En abril/mayo de 1933 gobernaba sobre una coalición de partidos republicanos de izquierda y socialistas (PSOE). En el momento del viaje a Alemania, no había en el Parlamento ni un diputado del Partido Comunista Español ni un miembro de un partido fascista. Todavía no se había fundado Falange, el partido fascista más destacado posteriormente. Pero ya existían los fascistas españoles de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista), inspirados en gran medida en el nacionalsocialismo alemán y el fascismo italiano. La Falange y las JONS se fusionarían en 1934. Por otra parte, ya existía la alianza nacional de partidos católicos, autoritarios y filofascistas CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), fundada el 4 de marzo de 1933.

Era por entonces imposible ignorar las primeras señales de una incipiente radicalización de la derecha y la izquierda políticas (anarcosindicalistas, socialistas, comunistas). Fracasa el intento de golpe de Estado del general José Sanjurjo, el 10 de agosto de 1932, pero la sublevación de los militares antirrepublicanos emerge como una posibilidad. El mes de enero de 1933 presenció levantamientos anarcosindicalistas promovidos por el sindicato anarquista CNT, y una de estas insurrecciones fue seguida por una crisis de gobierno cargada de consecuencias. En la localidad de Casas Viejas, en la provincia andaluza de Cádiz, los campesinos anarcosindicalistas se habían sublevado y proclamado el comunismo libertario. La intervención de la Guardia Civil y la Guardia de Asalto acabó en un exceso de violencia por parte de las fuerzas del orden, con veintiocho campesinos y tres policías muertos (acerca de la matanza, véase Brey y Gutiérrez 2010). La crisis causada por estos acontecimientos y su interpretación contribuyeron al final prematuro de la legislatura. La CEDA se convirtió en el partido más fuerte en las elecciones parlamentarias de noviembre de 1933. Tras estas elecciones, la cuestión de si el fascismo podía llegar al poder en España dejó de ser sólo teórica para convertirse en una cuestión de debate político práctico.

2. Sobre los contenidos

2.1 Una breve presentación del abanico temático

Impresiona ver cómo Manuel Chaves consigue abarcar una enorme variedad de temas en relativamente pocas páginas. A diferencia de muchos observadores del ascenso y la toma del poder por los nacionalsocialistas, él ya muestra su convicción en abril/mayo de 1933 ―y puede demostrarlo― de que el gobierno nacionalsocialista significa la guerra y la eliminación de los judíos en Alemania. Recoge pruebas del rearme y los preparativos para la guerra, documenta la «extirpación metódica de los judíos», desde el boicot planificado hasta las leyes antijudías que privan deliberadamente a los judíos de Alemania de sus medios de subsistencia, algo que Manuel Chaves denomina terror gris.

Aun admitiendo que los preparativos para la guerra, el antisemitismo y el exterminio son las piedras angulares del nacionalsocialismo, quedan sin respuesta muchas preguntas más concretas sobre el establecimiento, el mantenimiento y la expansión del poder. Manuel Chaves se interesa especialmente por la forma en que los nacionalsocialistas lograron ganarse a las mujeres y a los jóvenes, y cómo el adoctrinamiento se abrió camino en las instituciones educativas. Comenta los métodos modernos de public relations y propaganda nazi, así como la pérdida forzosa de diversidad de opinión de la prensa. Muestra cómo la ideología nazi prometía, por un lado, la revolución a los trabajadores y, por otro, el orden y buen clima de negocios a las grandes empresas. Analiza el desmantelamiento de los sindicatos, que no opusieron suficiente resistencia, observa la emergente estructura dual de las instituciones del partido y del Estado, y señala las intervenciones totalitarias en ámbitos de decisión antes privados. Casi incidentalmente, el carácter cínico de Goebbels o Göring queda patente a través de las citas. Pero también se advierte el asombro ligeramente horrorizado del reportero español ante «la actitud de Alemania» (p. 20), con su tendencia a obedecer a las autoridades, el desmedido hincapié en el trabajo («El alemán tiene que trabajar siempre. Tener trabajo es ser hombre», p. 56), la sustitución de la razón por la «Weltanschauung» (p. 125) y, en el plano mental, una notable proximidad a la Edad Media (p. 121). Y ahí no acaban los temas. Manuel Chaves debe tener siempre presente en su exposición a sus lectores españoles, que han de entender lo que ocurre en Alemania. Para ello, a lo largo del reportaje se hacen referencias y comparaciones actuales e históricas con España.8

En lo que sigue se intenta mostrar cuatro ejemplos de cómo Manuel Chaves trata los temas y cómo escribe. Las formulaciones llamativas, algunas de las cuales se mencionan aquí, desempeñan un destacado papel estilístico, entre otros recursos. En primer lugar, el tema de la militarización y el rearme. Es interesante que Chaves no trate este tema en un solo artículo, sino que vuelva a él una y otra vez subrayando distintos aspectos en cada caso. En cuanto al segundo tema, la persecución y opresión de los judíos, se ilustrará usando citas cómo Chaves trata los aspectos irracionales, grotescos y ridículos de la política antisemita nazi tanto con sarcasmo como con compasión. El tercer tema, la conquista de la juventud por los nazis, muestra con especial claridad que para Manuel Chaves es importante llamar la atención sobre las diferencias fundamentales entre las condiciones de Alemania y las de España. Por último, se hace referencia al artículo centrado en la entrevista con Goebbels sobre la propaganda y la contrapropaganda. Nuevamente, aunque de forma menos manifiesta, la referencia a la situación política en España ocupa una posición importante. Este artículo también revela la importancia del corresponsal permanente del periódico Ahora en Berlín, Eugeni Xammar.

2.2 Campo temático: rearme, militarización y preparativos bélicos

El periodista respalda con pruebas su convicción de que Alemania quiere la guerra. El tema se aborda en varios artículos, cada uno dirigido a un aspecto diferente. En la segunda entrega de la serie, del 16 de mayo de 1933, se dice a los lectores:

Así, pues, para comprender la situación de Alemania hay que partir de unos supuestos comunes que ya nadie se atreve a discutir de buena fe, ni siquiera los mismos alemanes: el que Alemania quiere la guerra; el de que la hará en cuanto pueda (pp. 26 ss.).

Bajo el título «Cómo piensa el alemán medio» recoge Chaves declaraciones de alemanes con los que ha tenido trato. Se repite un tema nada baladí, el compromiso con el militarismo:

Nuestro ideal es el militarismo. Los latinos se asustan de esta afirmación porque son incapaces de concebir el militarismo como voluntad y como representación (p. 32).

En la siguiente entrega, del 17 de mayo de 1933, se pregunta cuántos soldados tiene realmente Alemania:

Mientras en Ginebra discuten si la Reichswehr tiene efectivamente cien mil hombres o cien mil uno, cualquiera que ande unos días por Alemania y vea las manifestaciones callejeras y las paradas de los nazi y los cascos de acero, hará fatalmente el cálculo de que en filas Alemania tiene muy cerca de un millón de hombres (p. 38 ss.).

En la página siguiente figura una lista articulada de las distintas tropas militares y paramilitares, que alcanzan un total de 1,1 millones de hombres.

En otras dos entregas de la serie, Manuel Chaves describe su visita al campo de Biesenthal, un campo para trabajadores voluntarios no alejado de Berlín. Por la mañana ve cómo «los trabajadores voluntarios están desecando una laguna» (p. 52); Por la tarde, hay gimnasia en el programa, lo que para el autor no significa otra cosa que «instrucción militar que se da a los reclutas» (p. 57). Saca la siguiente conclusión: «Efectivamente: todos los trabajos que hacen los obreros voluntarios son útiles para un ejército en operaciones» (p. 52). Su síntesis: «Trabajo voluntario = Servicio militar obligatorio» (p. 58).

La insistencia bélica también se aprecia en la política de la mujer. Se anima a las mujeres a procrear: «cuando se les piden hijos es porque se espera el momento en que sean necesarios. Muchos, muchísimos hijos de madres alemanas va a necesitar el Führer. Todos serán poco» (p. 83).

2.3 Campo temático: la extirpación metódica de los judíos

Manuel Chaves tituló uno de sus artículos «La extirpación metódica de los judíos» y hizo notar que el término extirpación procedía del propio Hitler y que la «extirpación radical del judío» era uno de los fundamentos de los nacionalsocialistas.9 En abril/mayo de 1933, considera decisivo lo que denomina el terror gris: «lo verdaderamente serio e importante … es la implacable línea de conducta seguida por un régimen como el nacionalsocialista contra una masa de ciudadanos que, según las estadísticas, pasan de setecientos mil» (p. 99).

A continuación, explica las consecuencias de las leyes y ordenanzas antijudías, que afectan a profesores, abogados, pequeños comercios y grandes empresas como imprentas y grandes almacenes, así como a instituciones de beneficencia judías, empleadas del hogar e incluso guardagujas de ferrocarril, que se vieron privados de su medio de vida. Concluye:

No; no es que a los judíos les corten las orejas ni les arranquen los pelos; es, sencillamente, que les van suprimiendo los medios de vida (p. 100).

En media página, Chaves desmonta con trazo ligera y cierta dosis de sarcasmo la distinción ideológica fundamental de los nacionalsocialistas entre ario y semita. Al tomarse en serio la argumentación ideológica de los nazis, demuestra lo absurda que es.

«La raza de los arios» aparece sobre la faz de la tierra hacia 1830 […] Esto es lo que se deduce de las normas puestas en vigor por Hitler para saber cuáles son «los alemanes puros» y cuáles los judíos. Son arios puros aquéllos que puedan presentar las partidas de bautismo de sus cuatro abuelos; un solo abuelo no bautizado convierte a un alemán en semita, y en cambio, una pura ascendencia judía de veinte siglos, y la conversión final al cristianismo de los cuatro abuelos, sirven para trocar al más legítimo hijo de Israel en ario purísimo, dotado de todas las nobles virtudes de la raza nórdica (pp. 101 ss.).

¿Es un poco grotesco, verdad? Pues con este concepto de la raza aria […] está haciendo Hitler la división de sus súbditos en ciudadanos que tiene derecho a la vida y ciudadanos que deben morirse; porque no tendrán más remedio que morirse (p. 102).

Los ciudadanos judíos saben que sus vidas están en juego: han entendido el mensaje. La emigración no es la solución para la mayoría de ellos; solo para los que tienen el dinero requerido para ello (p. 102).

El judío está tan aterrorizado, que se allana a todo, y pasando por las más humillantes vejaciones, sólo pide que le dejen el derecho a vivir (p. 105).

Como ejemplo extremo, cita a un intelectual judío que se dirigió a los nazis con una llamativa reclamación.

Las últimas experiencias científicas han demostrado que a un perro se le puede extraer hasta la última gota se su sangre para volver a llenar sus venas con sangre de otro perro de casta distinta; hacedlo así con nosotros, si no queréis que tengamos sangre judía; pero dejadnos vivir. O dejadnos marchar (p. 105).

Lamentablemente, el autor, que hubo de ser testigo presencial, nos deja a oscuras sobre las circunstancias reales y los participantes en esta insólita petición.

La siguiente parte de la serie se centrá en otra consecuencia del régimen violento. Versa sobre masa y poder, siendo el titular elegido para ello «El Gran Inquisidor: El Pueblo» (p. 112). El terror gris de las leyes y reglamentos se complementa con la implacable caza del pueblo por el pueblo. Los cazados de este modo no son solo judíos, sino también los restos de una oposición de izquierdas y, en última instancia, todas las personas no deseadas. Chaves cita ejemplos. Su idea central:

La presión de una masa de humanidad, lanzada en una dirección favorable a sus instintos de odio y venganza, es mucho más eficaz que todos los aparatos policíacos (p. 114).

No hay lucha posible contra el odio de esa mayoría. «Todos los adversarios del nacionalsocialismo han sucumbido» (p. 114).

2.4 Campo temático: la conquista de la juventud

El capítulo sobre «la conquista de la juventud» da comienzo con esta frase:

De aquí en adelante, todos los niños que nazcan en Alemania traerán la cruz gamada en el ombligo. No desconfío de que los sabios alemanes lleguen a aislar el principio biológico del nacionalsocialismo, ni de que encuentren la manera de inyectárselo a las embarazadas (p. 65).

Algo más adelante, continúa así:

Los alemanes están orgullosísimos, relamiéndose sólo de pensar en lo que será capaz de hacer este niño que van a producir en serie (p. 66).

La ventaja anhelada es que el régimen ya no habrá de preocuparse por la reeducación o el exterminio en un futuro en que los niños «[nazcan] ya como convenga» (p. 65). Sin embargo, serían de compadecer estos niños, «para los que ningún acento verdaderamente humano será jamás inteligible» (p. 66), en contraste con los pobres rapaces de los montes gallegos o de las marismas andaluzas, de los que habla Manuel Chaves, que a pesar de su pobreza «conservarán íntegro, puro, el sentimiento de la Libertad, el de la Justicia, el de la Paz y el de la Humanidad» (p. 67).

No obstante, esta sarcástica distopía no oculta las ambiciosas medidas adoptadas por los nazis a fin de ganarse a los jóvenes para su bando: adoctrinamiento en las escuelas, propaganda, una enorme red publicitaria en la ciudad y en el campo, desfiles musicales, banderas, uniformes, juguetes militaristas, estampas coleccionables, deporte y cine.

Manuel Chaves ve claramente que los aspectos radicales, violentos y brutales del movimiento tienen capacidad de atracción para muchos jóvenes.

Todos los radicalismos y todas las audacias de la juventud caben en la actuación de las tropas de asalto de Hitler. … La gran fuerza de Hitler para la conquista del Poder ha sido indiscutiblemente los jóvenes. No nos equivocemos: la juventud rebelde alemana está con el Führer (pp. 71 ss.).

Ello constituye una diferencia importante con lo que ocurre en España:

El nacionalsocialismo es, indudablemente, un movimiento reaccionario, pero no como se lo imaginan los reaccionarios españoles. Hablad de un nazi de las buenas cualidades de sus mayores, y veréis qué infinito desprecio siente por ellos, cómo los odia. ¿El pasado? Un tejido de errores. ¿El káiser Guillermo? Un viejo cobardón que le tenía miedo a la guerra (p. 94).

2.5 La entrevista con el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels

La entrevista, que aparece en Ahora el 21 de mayo, ha sido limitada de antemano por el Ministerio de Propaganda a tres preguntas y tres respuestas, que han de ser publicadas textualmente: «cada pregunta, con su respuesta a reglón seguido. Nada más» (p. 128).10

La entrevista se anuncia a los lectores de Ahora como si Goebbels se dirigiera específicamente a ellos. El estricto y rígido esquema de preguntas y respuestas, que descarta una conversación real, nos lleva a suponer que Manuel Chaves no se reunió con Goebbels en persona. Es perfectamente concebible que Manuel Chaves o Eugeni Xammar presentaran las tres preguntas por escrito y recibieran las respuestas, también por escrito, en algún momento posterior. El hecho de que Chaves, de forma poco habitual en él, no diga ni una palabra sobre el lugar, la forma en que le saludaron u otros detalles también habla en contra de un encuentro real entre los participantes.

Lo que añade en cambio a la entrevista es una cáustica tipificación del Dr. Goebbels, que es tan larga como toda la entrevista. Goebbels es caracterizado como un «tipo ridículo, grotesco» (p. 128).

Hay en él la misma capacidad de sugestión y de dominio que en todos los grandes iluminados, en todos esos tipos nazarenoides de una sola idea encarnizada. […] Es de esa estirpe dura de los sectarios, de los hombres votados a un ideal con el cual fusilan a su padre si se les pone por delante (p.129).

Completa su descripción con una frase destinada a facilitar la presentación del personaje ante su público español: «En España no ha habido así más que algunos curas carlistas, hace ya muchos años» (p. 129).

El gran titular a todo lo ancho de la página del periódico reza: «¿Habrá fascismo en España?». Las dos primeras preguntas planteadas a Goebbels, sin embargo, siguen estando estrechamente relacionadas con el departamento del ministro de Propaganda. La primera se refiere a la propaganda antialemana de los judíos emigrados al extranjero y cómo se debe poner fin a la misma. La segunda pregunta es qué métodos de propaganda piensa utilizar el ministerio fuera de Alemania. En la tercera, pregunta al ministro de Propaganda si cree que la doctrina nacionalsocialista será comprendida y tendrá eco en otros países, acercándose a la cuestión general de si habrá fascismo en España.

En opinión del reseñador, Chaves y Xammar podían intuir las respuestas que recibirían. Probablemente les interesaban dos cosas: en primer lugar, hacerse con el trofeo de conseguir que uno de los ministros más importantes del nuevo gobierno alemán concediera una entrevista para su propio periódico y, en segundo lugar, configurar las respuestas de modo que los lectores de Ahora se dieran cuenta del tipo de mente en Goebbels.

La respuesta de Goebbels a la primera pregunta sobre qué hacer con la propaganda antialemana de los judíos emigrados era en esencia la siguiente: aumentar la presión sobre los judíos en Alemania. El boicot contra los judíos a principios de abril había demostrado que este planteamiento funcionaba. La respuesta a la primera pregunta termina con una frase que habla de la perfidia de Goebbels: «En adelante seguiremos manteniendo el principio de que los judíos residentes en Alemania tienen obligación de evitar que el país donde viven sea difamado» (p. 130). La referencia al boicot puede no ser inmediatamente obvia para todo el mundo, pero lo es para un lector atento de Ahora.

En efecto, en un artículo de Xammar sobre el llamamiento al boicot, aparecido en Ahora el 1 de abril de 1933, ya se citaba una frase de Goebbels: «El sólo anuncio del boicot ha bastado para que la violencia de la campaña antialemana en la prensa extranjera disminuyera notablemente» (Xammar 2005, p. 126). Es precisamente esta afirmación de Goebbels la suscitada nuevamente por la primera pregunta del entrevistador y la que hace llegar a los lectores del periódico en toda su dureza.

En respuesta a la segunda pregunta sobre la propaganda en el extranjero, Goebbels arguye sintéticamente: «No haremos ninguna propaganda. Nos limitaremos a procurar que la verdad sobre Alemania sea conocida en todo el mundo» (p. 130). En lenguaje llano, se infiere claramente que el régimen nazi no tolerará en el extranjero una cobertura mediática no deseada. En marzo, la prensa española tuvo una dolorosa experiencia de lo que ello significaba en la práctica. Xammar había informado sobre el sucedido en Ahora. Probablemente, este incidente estaba aún fresco en la mente de ambas partes en el momento de la entrevista. En concreto, el periódico El Socialista había escrito el 19 de marzo de 1933 que Ernst Thälmann había sido asesinado por los nazis. Aunque el líder del KPD Thälmann estaba en prisión en ese momento, seguía vivo. De hecho, los nazis aprovecharon esta falsa noticia para organizar un montaje político y mediático a gran escala.11

La respuesta a la tercera pregunta fue que el nacionalsocialismo no era un artículo de exportación, sino que se estaba produciendo una «transformación espiritual de Europa» (p. 130), en la que cada nación encontraría la forma que le conviniera según la naturaleza de su carácter nacional. Pero nuestros periodistas, muy viajados, eran sin duda conscientes de que no hay lugar para el internacionalismo en la ideología de un nacionalismo a ultranza. Si se pone en relación la respuesta de Goebbels con el epígrafe «¿Habrá fascismo en España?», concluimos que su apreciación era correcta en la medida en que la posterior dictadura de Franco tuvo ciertamente sus características nacionales. Sin embargo, la victoria de Franco en la Guerra Civil española, de la que surgió la versión española de una dictadura fascista, fue cualquier cosa menos un asunto nacional, y sin el apoyo militar activo de los estados fascistas de Italia y Alemania habría sido impensable.

3. Conclusión

El reportaje de mayo de 1933, impresionante incluso hoy día, consigue pintar una imagen vívida y completa de Alemania poco después de la toma del poder. En el texto se subraya la importancia de Eugeni Xammar, corresponsal permanente en el extranjero del periódico Ahora en Berlín, para el éxito del reportaje. A pesar del tiempo transcurrido, nada parece anticuado en la serie de artículos. Capta un momento del camino de Alemania hacia la barbarie nacionalsocialista y muestra cómo las normas de civilización, los valores democráticos y los derechos humanos estaban siendo socavados por los nazis a una velocidad vertiginosa. De nuevo oímos la voz original de Manuel Chaves: «lo que nosotros llamamos barbaridades, para ellos no lo son. … [nosotros lo llamamos barbarie], aunque ellos lo llamen de otro modo» (109 ss.). Chaves escribe sobre la Alemania nazi, pero lo hace con el trasfondo de la situación política de España. Al referirse al nacionalsocialismo, sabe que su punto de vista tiene que imponerse frente a otras imágenes que circulan por la prensa reaccionaria y de derechas, por un lado, y por la prensa de la izquierda no burguesa, por otro. En mayo de 1933, todavía cabe mantener la creencia en el éxito del experimento democrático de la Segunda República, pero la euforia del principio ya se ha desvanecido. El clima político ha cambiado con el auge del fascismo europeo, lo cual se refleja en la radicalización de las fuerzas reaccionarias y antirrepublicanas, por un lado, y de las izquierdas decepcionadas con la República, por otro. En este contexto, el reportaje sobre la Alemania nazi y la vida bajo el signo de la esvástica también debe leerse y entenderse como un intento deliberado de disuadir y advertir contra el fascismo/nacionalsocialismo.

Por último, cabe sugerir nuevamente tareas a los historiadores profesionales interesados en el tema del nacionalsocialismo y el público internacional. ¿Cuáles eran los métodos de trabajo y de información de los corresponsales españoles en el extranjero acreditados en Berlín? ¿Qué contactos y redes eran importantes para ellos? ¿Hubo complicidades con la dictadura nazi? ¿Qué importancia concedió el régimen nazi a la tarea de crear influencia e instrumentalización en la prensa extranjera española (o hispanohablante)? La obra de Norman Domeier Weltöffentlichkeit und Diktatur [Opinión pública mundial y dictadura] supone un impresionante modelo, pero, al centrarse sobre todo en los periodistas estadounidenses, prácticamente no incluye a los corresponsales extranjeros españoles.

Un estudio sobre los corresponsales extranjeros españoles en la Alemania nazi no debería olvidar a Eugeni Xammar. Ese podría ser un buen punto de partida. ¿Qué contactos de interés tuvo en su entorno privado, qué contactos mantuvo con otros corresponsales, con qué personalidades y políticos alemanes influyentes de la República de Weimar y más tarde del nacionalsocialismo se relacionó? ¿Cómo consiguió mantener su posición hasta 1936? Lo que parece indudable es que Xammar dominaba el delicado arte de cabalgar sobre el filo de la navaja. Es decir, escribir sobre una dictadura para el extranjero sin perder la cabeza. El fin de su estancia en Alemania en 1936 se debió probablemente a las estrechas relaciones entre la Alemania nazi y el bando franquista desde el inicio de la guerra civil en julio de 1936.

Desde una perspectiva alemana queda por desear que alguna editorial alemana publique los artículos escritos por Xammar para Ahora entre 1930 y 1936 (Xammar 2005). Ello sería útil para cualquier persona interesada en obtener una visión esclarecedora, a través de una mirada externa, acerca de la República de Weimar y el nacionalsocialismo; y útil también para la investigación sobre corresponsales extranjeros de nacionalidad española en Alemania (antes y durante el franquismo).

Notas

  1. En su biografía Cintas Guillén (2021) informa detalladamente sobre la vida y obra del autor. Torrente y Suberviola (2013) reúnen contribuciones de diversos autores sobre Manuel Chaves. En lo referente a sus últimos años durante el exilio inglés (1940-1944), véase Morató (2023). Existen dos ediciones en español de sus obras: Cintas Guillén (ed.) 2009 y 2013, así como Garmendia (ed.) 2020. A comienzos de 2024 han aparecido en lengua alemana cuatro volúmenes de la edición realizada por la editorial Kupido. ↩︎
  2. Acerca de los primeros análisis críticos del nacionalsocialismo por parte de periodistas alemanes, véase Belke (1993). Tras la toma del poder, los autores críticos con el régimen que permanecieron en Alemania sólo podían expresarse con riesgo para su vida. Uwe Wittstock (2022) describe la coyuntura y las decisiones inherentes a la época en su libro Februar 33 [Febrero del 33], basándose en una serie de conocidas figuras literarias. La situación de los corresponsales extranjeros era mucho mejor, pero no exenta de riesgos. Cabe mencionar brevemente dos conocidos ejemplos de reportajes críticos realizados por corresponsales estadounidenses. En enero de 1933, Edgar A. Mowrer, que escribía para el Chicago Daily News y era también presidente de la VAP (Asociación de la Prensa Extranjera en Alemania), publicó su libro Germany Puts the Clock Back [Alemania atrasa el reloj] (Mowrer 1931), ganador del Premio Pulitzer. En segundo lugar, hay que mencionar a Leland Stowe, que también viajó a Alemania en 1933, cuatro meses más tarde que Manuel Chaves (en septiembre/octubre). Sus observaciones y análisis se publicaron como libro en enero de 1934: Nazi Means War [Nazi significa guerra] (Stowe 1934). Un proyecto anterior de publicación del reportaje en el New York Herald Tribune no se materializó porque el contenido fue considerado excesivamente alarmista. Tanto Edgar A. Mowrer como Manuel Chaves experimentaron la hostilidad de los nacionalsocialistas. Mowrer recibió presiones y se vio obligado a abandonar Alemania pocos meses después de su publicación crítica (Domeier 2021, p. 127s.). Manuel Chaves fue incluido en una lista de muerte de la Gestapo a causa de su reportaje (Henseleit 2022, p. 17). Como consecuencia, se vio obligado a huir del exilio francés hacia Inglaterra en 1940, tras la ocupación alemana de Francia. ↩︎
  3. El reportaje apareció como publicación independiente en español en 2012 (Chaves Nogales 2012). Todos los números del periódico Ahora pueden consultarse en línea a través de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid [consultada el 26 de enero de 2024] y descargarse como archivos pdf, incluido por supuesto el reportaje en varias partes de Manuel Chaves desde Alemania. ↩︎
  4. María Isabel Cintas Guillén ha completado una detallada discusión y categorización de su estilo periodístico (2013, tomo I, pp. IX-XXIX y 2021, tomo II, pp. 258-263). También merece la pena leer la categorización literaria de Andrés Trapiello (2020). ↩︎
  5. Los artículos que escribió para Ahora desde Alemania entre 1930 y 1936 se publicaron en forma de libro en 2005 (Xammar 2005). En la introducción a esta colección de artículos se describe detalladamente la persona y vida de Xammar (González Prada 2005). Una selección de artículos anteriores de los años 1922-1924 está disponible en catalán (Xammar 1998), español (Xammar 2005) y alemán (Xammar 2007). También está disponible una autobiografía escrita en catalán, a partir de conversaciones con Josep Badia i Moret (Xammar 1991). La biografía de Quim Torra (2008) se centra en Xammar como nacionalista catalán; apenas se mencionan los años que Xammar pasó trabajando en Berlín. ↩︎
  6. Es evidente que la relación entre prensa libre y dictadura es compleja y conflictiva. A un lado, están los periodistas, que desean obtener información de primera mano de personalidades importantes, generalmente políticos. Para ello, pueden estar dispuestos a hacer todo lo posible y sobrepasar los límites de la ética profesional periodística. En el otro bando están los políticos que quieren servirse de los corresponsales para que informen según sus conveniencias. El trabajo de Norman Domeier (Weltöffentlichkeit und Diktatur [Opinión pública mundial y dictadura] 2021) es extremadamente útil para familiarizarse con el mundo de los corresponsales extranjeros en la Alemania nazi. Para los historiadores interesados en este tema, véase, además de Domeier, Martin Herzer (2012) y el informe de Marlene Friedrich (2023) sobre la conferencia Nationalsozialismus und internationale Öffentlichkeit [El nacionalsocialismo y la esfera pública internacional]. Para finales de 2024 se ha anunciado un libro de Lutz Hachmeister que trata específicamente de las entrevistas concedidas por Hitler a la prensa extranjera. ↩︎
  7. Para una visión cronológica de los acontecimientos desde enero de 1933, véase (en alemán) la crónica anual de 1933 en el portal en línea sobre historia alemana LeMO – Lebendiges Museum Online [Museo viviente en línea], así como la lista de legislación antijudía en el Reich alemán 1933-1945 en Wikipedia [editado: 9 de noviembre de 2023, consultado: 14 de enero de 2024]. ↩︎
  8. Tres pasajes tratan de los puntos de contacto hispano-alemanes del momento: Manuel Chaves informa sobre el rumor de que los nazis obtenían sus pistolas en España, y espera que el Gobierno español contrarreste el rumor con mayor decisión (pp. 42 ss.). Habla del creciente número de personas que acuden a la embajada española como consecuencia de la legislación antijudía, a menudo con esperanzas ilusorias. Se felicita expresamente de que el Gobierno español haya aumentado inmediatamente el número de visados expedidos (p. 104). En tercer lugar, arremete contra los socialistas españoles que, con la invención de la «leyenda de la muerte de Thaelmann», habían abonado inadvertidamente la causa de los nazis (pp. 112 ss.; acerca de la leyenda, véase especialmente la sección 2.5). ↩︎
  9. Posiblemente Manuel Chaves tenía en mente el discurso de Hitler del 6 de abril de 1920, en el que explicaba su antisemitismo erradicador: «No queremos ser antisemitas de los que, apelando al sentimiento, quieren crear un ambiente de pogromos, sino que nos inspira la implacable determinación de llegar a la raíz del mal y extirparlo sin contemplaciones. Para lograr nuestro objetivo, cualquier medio debe ser aceptable para nosotros, incluso si tenemos que coaligarnos con el diablo» (reimpreso en Jäckel y Kuhn 1986, pp. 184-204). ↩︎
  10. El texto de la entrevista puede verse en línea a través de la editorial Kupido (siga el enlace y pulse después el botón «Die Welt (20.09.2022)»). Cabe formular una pregunta de interés para los historiadores: ¿ha sobrevivido de alguna forma el texto alemán, presumiblemente original, de la entrevista? ↩︎
  11. La República Española y el embajador español en Berlín, Luis Araquistáin (marzo de 1932-mayo de 1933), fueron insultados en el Völkischer Beobachter y en el Berliner Börsen-Zeitung. A nivel diplomático, el embajador alemán en Madrid, Johannes von Welczeck, y el ministro de Asuntos Exteriores Konstantin von Neurath (NSDAP) tomaron cartas en el asunto. Además, el Ministerio de Propaganda organizó una visita a algunos de los prisioneros en la que se incluyó a un grupo de la prensa extranjera, entre ellos Xammar. En la comisaría de Alexanderplatz, Xammar pudo hablar con Ernst Thälmann, Ludwig Renn, Ernst Torgler, Werner Hirsch y Carl von Ossietzky, y comprobó que no se había producido ningún maltrato evidente a los detenidos (Xammar 2005, p. 116-125 de Ahora, 28 de marzo de 1933). ↩︎

Referencias bibliográficas

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  • Brey, Gérard y Gutiérrez Molina, José Luis (coord.): Los sucesos de Casas Viejas en la historia, la literatura y la prensa (1933-2008). Fundación Casas Viejas: Cádiz 2010.
  • Chaves Nogales, Manuel: Deutschland im Zeichen des Hakenkreuzes. Kupido Literaturverlag: Köln 2022.
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  • Cintas Guillén, María Isabel: Manuel Chaves Nogales. Andar y contar. Tomos I y II. Almería: Confluencias 2021.
  • Cintas Guillén, María Isabel (Ed.): Manuel Chaves Nogales: Obra Narrativa Completa (Dos tomos). Diputación de Sevilla: Sevilla 2009 (Reimpresión).
  • Cintas Guillén, María Isabel (Ed.): Manuel Chaves Nogales: Obra Periodística (reedición nueva, ampliada, tres volúmenes). Diputación de Sevilla: Sevilla 2013.
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  • Friedrich, Marlene: Tagungsbericht: Nationalsozialismus und internationale Öffentlichkeit. En: H-Soz-Kult del 17.02.2023.
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  • Henseleit, Frank: Einführung zur ersten deutschsprachigen Ausgabe. En: Chaves Nogales, Manuel: Deutsch­land im Zeichen des Hakenkreuzes. Kupido: Köln 2022, pp. 7-39.
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  • Morató, Yolanda: Manuel Chaves Nogales. Los años perdidos (Londres, 1940-1944). Renacimiento: Valencia 2023.
  • Mowrer, Edgar A.: Germany Puts the Clock Back. Lane: London 1933 (primera edición de enero de 1933); existe una versión disponible en archive.org.
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  • Torra i Pla, Quim: Periodisme? Permetin! La vida i els articles d’Eugeni Xammar. Símbol Editors: Barcelo­na 2008.
  • Torrente, Luis Felipe y Suberviola, Daniel: El hombre que estaba allí, libro-documental, Libros.com, 2013.
  • Trapiello, Andrés: Retrato literario de Chaves Nogales. En: Garmendia, Ignacio F. (Hg.): Manuel Chaves No­gales: Obra Completa. Libros del Asteroide: Barcelona 2020, Band 1, pp. XXVII–XXXIV.
  • Wittstock, Uwe: Februar 33: Der Winter der Literatur. Beck C. H.: München 2021.
  • Xammar, Eugeni: L’ou de la serp; presentación de Charo González Prada. Quaderns Crema: Barcelona, 1998.
  • Xammar, Eugeni: El huevo de la serpiente; traducción de Ana Prieto Nadal; presentación de Charo González Prada. El Acantilado: Barcelona 2005.
  • Xammar, Eugeni: Crónicas desde Berlín (1930-1936). Acantilado: Barcelona 2005.
  • Xammar, Eugeni: Das Schlangenei. Berichte aus dem Deutschland der Inflationsjahre 1922-1924. Traducido del catalán por Kirsten Brandt. Berenberg Verlag: Berlin 2007.
  • Xammar, Eugeni: Seixanta anys d’anar pel món: converses amb Josep Badia i Moret. Quaderns Crema: Barcelona 1991.

Manuel Chaves Nogales: Deutschland im Zeichen des Hakenkreuzes. Kupido Literaturverlag: Köln 2022; ISBN 978-3-96675-150-6

Chaves Nogales, Manuel: Bajo el signo de la esvástica. Almuzara: Córdoba 2012;
ISBN 978-84-15338-61-1



Aroa Moreno Durán: La hija del comunista

Lo factual y lo imaginado en la historia del exilio de un comunista español en la RDA y su hija

Reseña de Knud Böhle (Spanienecho de 23.02.2023), traducción de Pascual Riesco Chueca (Spanienecho de 18.03.2023)

1. Introducción

Un capítulo de la historia hispano-alemana poco conocido por el público alemán es el tema de la exitosa y premiada primera novela de Aroa Moreno Durán, nacida en Madrid en 1981: el exilio en la RDA de los refugiados republicanos, sobre todo comunistas, de la guerra civil. La novela, traducida a varios idiomas, se publicó en España en 2017; en alemán, apareció en 2022 en la excelente traducción de Marianne Gareis. [Nota: La reseña se basa en la versión alemana de la novela. En la presente traducción de la reseña, se ha utilizado para las citas de la novela la versión original en español (en la variante ebook)].

Esta revisión va más allá del alcance habitual de una reseña de libro, ya que se pregunta cómo se entrecruzan en la novela los hechos históricos y los hechos imaginados y en qué medida la propia novela contribuye a una mejor comprensión de las condiciones de vida e influencias de los emigrantes españoles y sus hijos. Dado que en la actualidad existe un corpus considerable de conocimientos históricos sobre los solicitantes de asilo españoles que vivieron en el exilio en la Zona de Ocupación Soviética de Alemania (SBZ) y luego en la RDA tras el final de la Segunda Guerra Mundial (véase el apartado 7 sobre literatura), se puede intentar dar respuesta a estas preguntas. La propia autora destacó en varias entrevistas su intenso trabajo de investigación (cf. Strode 2018; Alvite 2019; Whittemore 2021), por lo que cabe suponer que aborda la historia contemporánea con conocimiento de causa. Antes de poder abordar esta cuestión, es preciso esbozar el contenido y la estructura del libro, así como lo que históricamente se sabe sobre el exilio en la RDA.

2. Una primera mirada

La novela narra una doble historia de exilio: a un pequeño número de republicanos españoles, en su mayoría comunistas, que hubieron de huir tras la guerra civil (1936-1939) y no pudieron regresar a la España de Franco, se les concedió asilo en la RDA; para muchos, era su segundo o tercer exilio. En la novela, uno de estos comunistas se reencuentra con su mujer, venida desde España, y forma una familia en Berlín Este poco después de la fundación de la RDA. La familia tiene dos hijas, Katia y Martina. La primera nace en 1950, la segunda en 1953. Ambas crecen en la RDA. Katia, que es el centro de la historia, abandona su hogar en 1971: ello suponía una fuga, «Republikflucht» en la terminología de la RDA. Deja atrás su país, Berlín, su familia y sus amigos para empezar una nueva vida con un joven de Backnang, lugar próximo a Stuttgart. Así comienza la segunda historia de exilio, esta vez configurada como un relato Este-Oeste. Alemania Occidental no se convierte en el nuevo hogar de Katia; al contrario, la experimenta cada vez más como una exiliada foránea y no querida. Con el tiempo, esto la lleva a la depresión. El país y sus gentes le resultan cada día más hostiles, al tiempo que recuerda con nostalgia la patria perdida. Por añadidura, su decisión, que resulta ser irreversible, acarrea consecuencias devastadoras no solo para ella, sino también para su familia en la RDA. Se da cuenta de ello cuando visita a su familia en Berlín en 1991, tras la reunificación: se encuentra con un mundo roto. El desenlace queda abierto, pero un nuevo comienzo no parece del todo imposible.

Tres complejos de interrogantes, no infrecuentes en el género novelístico, desempeñan cierto papel en esta narración: las consecuencias imprevistas e imprevisibles de decisiones irreversibles, el entrelazarse de la gran historia (Guerra Civil española, Telón de Acero, Guerra Fría, construcción del Muro, reunificación) con la vida de los personajes de la novela, así como el ensamblaje de cuestiones como el origen geográfico, la patria, la extranjería, la integración y la identidad.

El libro consta de cuatro partes y un breve prefacio sin título. Los epígrafes son: EL ESTE (periodo 1956-1971), LA TIERRA DE NADIE (1971), EL OTRO LADO (1972-1990), VATERLAND (La tierra de mi padre) (1992). Las partes se subdividen a su vez en breves secciones, cada una con un título, un lugar y un año.

El periodo comprendido entre 1956 y 1990 es presentado por Katia como narradora en primera persona. El procedimiento elegido parece optar por la fijación de recuerdos con el propósito de autoafirmarse. La enunciación literaria no crea discurso dirigiéndose a un público anónimo, sino que remite a la propia autora, y quizá también a una persona conocida o de confianza. El yo va recordando aquello que hace aflorar el ejercicio de la memoria, y, como es bien sabido, ello no tiene por qué ser completo ni fiable. La narradora en primera persona reflexiona sobre el carácter selectivo de los recuerdos personales: «Hay una electricidad entre emoción y memoria: […] a mayor emoción, más facilidad de que un suceso pueda ser recordado. La emoción es el filtro…».

En la mencionada introducción, de dos páginas, y en la última parte de la novela, Vaterland, no es el narrador en primera persona, sino una voz narrativa más distanciada la que toma la palabra. Más concretamente: las acciones, pensamientos y sentimientos de Katia se relatan como si ella misma se observara desde fuera. Esto podría interpretarse como que la autora quiere mostrar que la protagonista es capaz de tomar distancia al final de la historia. Al final de la novela le sucede una página con una única frase:

Veintisiete años después de la caída del de Berlín, existen en el mundo más de quince muros con los que se trata de impedir el flujo de personas de forma violenta.

En la página siguiente figura un pasaje con el epígrafe «Agradecimientos», donde se nombra en primer lugar a Mercedes Álvarez y Núria Quevedo. Esta referencia es reveladora, pues ambas eran hijas de conocidos comunistas españoles (Ángel Álvarez Fernández y José Quevedo), y crecieron en la RDA. En una larga conversación, que se publicó como libro en 2004, ellas habían aportado información sobre sus vidas y la de sus respectivos padres (Álvarez y Quevedo 2004). Independientemente del libro, ambas personas fueron entrevistadas varias veces por investigadores sobre el tema del exilio en la RDA Su aportación en la entrevista ha merecido la atención académica (Drescher 2008, Denoyer 2011). Sin el encuentro con estas «hijas de comunistas», esta novela de Aroa Moreno Durán no habría existido.

3. Acontecimientos, experiencias y vivencias en la novela

La protagonista y narradora en primera persona, Katia, nació en Berlín Este el 21 de febrero de 1950. El registro de los acontecimientos de 1956 a 1991 sigue en gran medida un orden cronológico. Sólo esporádicamente se incorpora información de otros tiempos, de otros lugares y sobre otras personas.

Los padres de Katia son españoles que viven en condiciones de hacinamiento en su exilio en Berlín Este. Katia tiene una hermana, Martina, tres años menor que ella. Su padre, Manuel, es un comunista acérrimo y pro-Moscú, agradecido a la RDA por haberle concedido asilo. En cuanto a su posición política, la novela recuerda que el padre llegaba a enfadarse mucho cuando se trataba de la Ostpolitik alemana, a la que se oponía. Especialmente acalorada fue su indignación cuando Willy Brandt recibió el Premio Nobel de la Paz en 1970: «escúchame, Isabel, esto es el primer paso para el fin de todo en lo que creímos. El fin, Isabel, el fin».

A Isabel, la madre, le importan poco el partido y la política. Enseña a sus hijos a rezar y a entonar el mea culpa. Se niega a aprender alemán, está mal integrada, sufre mucho y vive el exilio como una extraña. Los detalles de la historia de los padres, especialmente la del padre, se tratarán con más detalle más adelante en el contexto histórico.

En los recuerdos de Katia están muy presentes las experiencias de control y vigilancia en la RDA, una atmósfera en la que cada palabra debe ser bien medida porque existe un peligro latente de delación. En la novela también se plantan deliberadamente huellas que más tarde pueden relacionarse con la actividad del padre como colaborador informal (Informeller Mitarbeiter, IM) de la Stasi. Katia recuerda un encuentro de la familia con españoles exiliados críticos de la RDA en Leipzig: «Solo papá dijo ―ya está, familia, debemos estar agradecidos a esta república―. Nunca más volvimos a verlos». Otro ejemplo: tras un encuentro en compañía de su padre con un peculiar exiliado español que impartía clases como profesor en la Universidad Humboldt, descubre que poco después éste ya no enseñaba allí.

El clima de vigilancia es palpable. También se alude sutilmente a la RDA como estado controlador en una escena en la que Katia está leyendo en clase la famosa novela de Anna Seghers La séptima cruz, que tiene escondida bajo el pupitre. Cuando el profesor le pregunta qué está leyendo, se encuentra precisamente en este punto de la novela:

Un miedo que nada tenía que ver con su conciencia; el miedo de los pobres, el miedo de la gallina ante el gavilán, el miedo ante la persecución del Estado. Ese miedo ancestral que indica a las claras quién es el Estado, mejor que las constituciones y los libros de historia.

A pesar de esta percepción de control y vigilancia, su principal punto de referencia ―antes de la erección del Muro e incluso después― es su pequeña familia, que mantiene por lo que parece escaso contacto con el mundo exterior, tanto con españoles como con alemanes. La familia es su hogar. A finales de los sesenta y principios de los setenta, se produce una apertura. Katia empieza a estudiar y ayuda a preparar el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. En este contexto, encuentra también una buena amiga, cubana, llamada Julia. Katia parece estar en vías de integrarse en la sociedad de la RDA.

En noviembre de 1969 aparece por Berlín Este un estudiante de Alemania Occidental, Johannes, de Backnang, que se interesa por ella y se mantiene en contacto con ella durante los dos años siguientes. En 1971, Katia deja atrás a su familia, sus estudios y su amiga, y «cruza al otro lado». Por ser más precisos: son unos especialistas en ayudar en las fugas, a sueldo (financiados por los padres de Johannes), quienes hacen posible su huida a través de Checoslovaquia y Austria hasta la República Federal.

Katia tiene dificultades para enfrentarse al nuevo entorno, que percibe crecientemente como extranjero y hostil. A ello se añaden los remordimientos. Cuando recibe la noticia de la muerte de su padre en una llamada telefónica hacia 1980, su sufrimiento aumenta aún más. Se arrepiente de su decisión irreversible. A pesar haber satisfecho las normas de Suabia (matrimonio y casa, dos hijos, dos coches), en su interior se aleja cada vez más de su entorno, se retrae, se deprime y pierde la iniciativa. Desarrolla una fuerte aversión no solo hacia la sociedad alemana occidental, sino también hacia Johannes, su marido y padre de sus hijos. Recuerda la RDA con añoranza creciente como una patria perdida. El 4 de octubre de 1990, fecha bien elegida por la autora, se divorcia de él, inmediatamente tras el Día de la Unidad Alemana.

Su camino de integración y su búsqueda de una identidad han fracasado. Katia está psicológicamente enferma. El bastidor compuesto por el fracaso de su construcción identitaria y sus sentimientos de culpa y su depresión explica, en la opinión del autor de esta reseña, la atribución de culpa que Katia hace a su entorno personal y a la sociedad de la República Federal de Alemania. La narradora en primera persona encuentra impresionantes hallazgos expresivos para evocar su falta de hogar y su depresión. He aquí algunos ejemplos:

«Si la guerra era fría, yo estaba congelada».

Ante la noticia de la muerte del padre, escribe: «Solamente dejó aquella información que, como una piedra, me hundió en un fango denso, en una cabeza desordenada para siempre, negro, oscuro».

En referencia a sus desganados retozos con el marido, ahora ya no amado, ofrece el siguiente recuerdo: «Dos cuerpos en contradicción. Johannes me agarró con fuerza. Nos abrazamos durante varios minutos. Y entonces todo sucedió con lentitud. Con demasiada lentitud».

La pérdida del amor y el distanciamiento hacia el marido los atribuye al hecho de «[que yo] guardara un frío rencor a Johannes por haberme arrancado de lo que fue mi vida».

Katia formula su desilusión de forma sucinta y punzante: «Johannes lo dejo todo por ti, Johannes que me quitaste todo. Johannes no existen fronteras, Johannes muro».

Cuando se divorcia, le vienen ideas nostálgicas y patéticas: «Yo era hija de un país antifascista, de un país que creía en la liberación, de un país presionado y empobrecido, rural y seguro, y, de alguna manera, tenía que rebelarme y marcharme de este otro».

Ella es consciente de que se trata de una «cadena de pensamientos desconectados», porque por entonces ya aquel país, la RDA, no existe.

Tras la caída del Muro en 1989, pasan otros dos años hasta que visita a su madre y a su hermana. En 1991, se produce el final en Berlín: nos enteramos de todo lo que ha sucedido desde que Katia se marchó hace veinte años, cosas totalmente ignoradas por ella. Su madre nunca ha asumido su marcha y ahora languidece en una silla de ruedas, cuidada por Martina. Al parecer, su padre fue detenido poco después, culpado por la fuga de Katia, y murió tras un largo encarcelamiento en una prisión de la RDA (en cualquier caso, después de 1981), siendo aún un comunista ortodoxo, aunque sin esperanza. Los archivos de la Stasi sobre su padre muestran que había estado espiando a otros españoles exiliados como colaborador informal de la Stasi desde 1962.

La historia termina en 1991. La última palabra de la novela es poyejali. Esta palabra rusa ya había aparecido en otro punto de la novela, cuando Katia abandona la RDA: «Poyejali, me dije. Igual que Yuri Gagarin a bordo del Vostok 1, me fui sin saber que, como el cosmonauta, tampoco encontraría a Dios al otro lado».

No se sabe con certeza qué significa esta palabra de despedida, colocada al final de la novela: tal vez un nuevo comienzo. Si se toma también en consideración la primera frase del prefacio de la novela, «Katia Ziegler destapa la estilográfica con la que ha firmado todos los documentos importantes de su vida», podría entenderse que el primer paso de este nuevo comienzo es escribir sus recuerdos.

Una vez expuestas las líneas principales de la trama, el siguiente paso es presentar brevemente el estado de la ciencia histórica sobre el tema de los refugiados españoles de la guerra civil en la RDA.

4. Refugiados de la Guerra Civil española en la RDA: un reducto

No fue hasta poco después del cambio de milenio cuando comenzaron los estudios científicos sobre el tema (Heine 2001). A este interés inicial le siguió un número considerable de trabajos académicos. Ya en 2012 se disponía de un nivel de investigación que permitía hacerse una idea general sobre la situación de los españoles exiliados en la RDA. Son diversos los enfoques y los interrogantes planteados en los trabajos, al igual que hay diferencias en los detalles. No obstante, se puede contar con una imagen de conjunto generalmente compartida.

En primer lugar, es importante distinguir entre dos grupos de españoles exiliados en el periodo 1945-1956. El primer grupo estaba formado por los españoles que se hallaban en la SBZ y en el sector oriental de Berlín tras el fin del régimen nazi en 1945, casi todos los cuales habían sido «soldados de la República en la Guerra Civil española» (Uhl 2004, p. 235). Entre ellos se encontraban por lo general los españoles que habían sido traídos a Alemania desde su exilio en Francia para realizar trabajos forzados y que, en su mayoría, habían tenido que trabajar para la industria armamentística (acerca de los trabajadores forzados en los campos satélite de los campos de concentración, véase Meerwald 2022 y la reseña sobre esta obra en Spanienecho). Tras la toma de Berlín, la Unión Soviética permitió a este grupo de personas regresar a Francia o a la Unión Soviética o permanecer en Berlín (Alted Vigil 2002, p. 143). Este grupo de personas podría ampliarse para incluir otros elementos, como trabajadores contratados voluntarios de la España de Franco o españoles pro-franquistas en suelo alemán. Se estima el tamaño del grupo en unas cuarenta o cincuenta personas (Eiroa 2018, p. 145) o unas pocas docenas (Kreienbrink 2005, p. 319).

El núcleo de este grupo, que se consideraba republicano y comunista, se constituyó a partir de 1947 en el comité de ayuda a las víctimas del fascismo llamado ERE (Emigración Republicana Española) (Uhl 2004, p. 236). Según datos de esta organización, en 1948 contaba con unos treintaicinco miembros (Kreienbrink 2005, p. 319). José Quevedo estuvo inicialmente al frente de la organización. Sin embargo, el SED y el PCE denegaron el reconocimiento del comité. Dolores Ibárruri, secretaria general del PCE por entonces, afirmaba en una carta muy citada a Wilhelm Pieck (Presidente del SED), con fecha del 9.9.1947: «Incluso los que estuvieron en campos de concentración y no fueron a Francia con los demás deben ser tratados con cautela. En cualquier caso, no podemos garantizar a ninguno de ellos. Por lo tanto, le rogamos que no recurra a esos españoles, porque no son políticamente fiables en absoluto» (usamos para la cita el texto de Poutrous 2004, p. 364). El ERE fue disuelto más tarde, en 1949. Posteriormente, se prohibió a los miembros de este grupo afiliarse al PCE o al SED, pero no se llegó a expulsar a ningún miembro de este grupo de la RDA (Drescher 2008, p. 36).

El segundo grupo de refugiados españoles de la guerra civil llegó a la RDA en 1950 como consecuencia de la acción policial denominada «Opération Boléro-Paprika», ordenada por el Estado francés en septiembre de 1950 y dirigida contra miembros de partidos comunistas extranjeros, especialmente del PCE. Fueron detenidas 292 personas de doce naciones, entre ellas 251 españoles. En el curso de la Guerra Fría, los comunistas españoles ya no eran considerados como una oposición antifranquista, sino como una quinta columna estalinista. «Al final, como resultado de la operación Boléro-Paprika, 176 españoles fueron detenidos y la mayoría puestos bajo arresto domiciliario en Córcega o Argelia. Pero treintaitrés de ellos fueron deportados inmediatamente a la RDA por el Ministerio del Interior vía Estrasburgo. Unos meses más tarde tuvo lugar la reagrupación familiar en Dresde» (Denoyer 2011, p. 98). La operación Boléro-Paprika ha sido descrita en varias ocasiones (Heine 2001, Poutrous 2004, Uhl 2004, Kreienbrink 2005, Drescher 2008; con particular detalle, en Denoyer 2017, pp. 29-100; Eiroa 2018 estudia el exilio de comunistas españoles en la RDA y otros estados socialistas tras el Telón de Acero).

En mayo de 1951, el colectivo de Dresde (término utilizado tanto por el PCE como por el SED) contaba con 85 personas: 31 hombres, 21 mujeres, 33 niños y adolescentes. A grandes rasgos, estos españoles fueron bien tratados en la RDA, se les dio trabajo y vivienda y se les reconoció como víctimas del nacionalsocialismo. El trato comparativamente bueno a estos exiliados comunistas debe verse también a la luz de la legitimación de la RDA y de su mito fundacional como estado antifascista. La lucha de los comunistas alemanes en las Brigadas Internacionales y las notables trayectorias de antiguos combatientes alemanes en España en la política de la RDA, y ahora la acogida en la RDA de antiguos camaradas de armas expulsados de Francia, son partes de un único relato (para una discusión detallada, véase Uhl 2004). En este contexto, Denoyer afirma que los «españoles fueron instrumentalizados por la dirección de la RDA, a veces en un grado considerable, con el fin de obtener cierta legitimidad y ganancia de prestigio a expensas de su presencia, tanto a nivel internacional como frente a su propia población» (Denoyer 2011, p. 102).

Sin embargo, estos españoles exiliados también estaban vigilados y controlados por el Partido Comunista de España, el SED y, en algunos casos, el Ministerio de Seguridad del Estado. No hay que olvidar que los miembros del colectivo de Dresde también estaban «estrechamente vigilados por los suyos» (Uhl 2004, p. 243). El mayor colectivo de españoles comunistas en el exilio estaba en Dresde. También había otro, más pequeño, en Berlín (Chmielorz 2016). En 1960 se fundó un tercer colectivo en Leipzig (Denoyer y Faraldo 2011, p. 194), que tiene menos interés aquí porque ya no se trata de refugiados de la guerra civil, sino principalmente de estudiantes «que habían cumplido condena en prisión en España por motivos políticos» (Kreienbrink 2005, p. 324).

Hasta 1968 se puede hablar de una estrecha cooperación entre el PCE y el SED. Tras la Primavera de Praga y la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia, las relaciones entre el PCE, ahora eurocomunista, y el SED, leal a Moscú, se deterioraron (véase Denoyer y Faraldo 2011, pp. 190-197). Este conflicto provocó tensiones en el seno del PCE, expulsiones de partidos y fundación de nuevas formaciones. También dividió a los colectivos de exiliados españoles en Dresde y Berlín, en los que la mayoría de los miembros seguían defendiendo la ortodoxia prosoviética y condenaban la línea oficial del partido de Santiago Carrillo. Esta disputa dificultó la convivencia en los colectivos (Denoyer y Faraldo 2011, p. 194 y ss.). Una parte ya no hablaba con la otra y las personas se evitabam (Drescher 2008, pp. 63-68; para el colectivo de Berlín, Chmielorz 2016). El Ministerio de Seguridad del Estado, MfS, también controlaba y observaba a los miembros de los colectivos con la ayuda de colaboradores españoles no oficiales (Denoyer y Faraldo 2011, p. 96). «El distanciamiento definitivo entre el SED y el PCE tuvo lugar en 1973, cuando el gobierno de la RDA estableció relaciones diplomáticas con la España franquista» (Denoyer y Faraldo 2011, p. 197).

5. La historia en la novela, y la disciplina histórica

5.1 Lo que se nos dice del padre

Katia no sabía gran cosa del padre: «Pero papá no contó nada porque nadie preguntó». Con motivo de cumplir dieciocho años su hija, la madre le proporciona algunos datos clave sobre la historia familiar. En 1936, el padre se fue a la montaña como voluntario en la Guerra Civil española para luchar por la Segunda República española contra los sublevados. En el verano de 1937, reapareció en el pueblo durante tres días; se casaron: «En nuestro relato familiar, lo siguiente es mi padre en el treinta y ocho saliendo de España y llegando a Moscú». Allí se convierte en «un pequeño comisario de provincias» (sea esto lo que se quiera, KB). En 1946 abandona la URSS y se traslada a Dresde (SBZ), donde comienza a aprender alemán. La madre de Katia sigue a su marido al exilio en 1946, dejando atrás la España franquista con arriesgados expedientes. «Mis padres se encontraron en Dresden… en una pequeña comunidad de españoles». Consiguieron alojamiento y trabajo gracias al Partido. La madre de Katia deseaba entonces «que papá se alejara del partido» y consecuentemente impulsó el traslado a Berlín. Katia vino al mundo allí en 1950 y su hermana Martina tres años después. La mención de la «historia familiar» implica sin duda la posibilidad de que no todo lo que dice la madre de Katia sea cierto.

De la literatura sobre el exilio de los refugiados españoles de la guerra civil en la Unión Soviética se sabe que al final de la guerra civil en marzo/abril de 1939 (no en 1938) unos 1.000 españoles, en su mayoría pertenecientes o cercanos al PCE, fueron acogidos por la Unión Soviética. La mayoría de estos refugiados solo pudieron abandonar la URSS tras la muerte de Stalin. Sin embargo, en un estrecho intervalo temporal en torno a 1946, a algunos españoles se les permitió ir a Francia o América Latina (Alted 2002, pp. 131, 138ss., 143; y Lister 2005, p. 301). No hay indicios de que ninguna de estas personas fuera a la SBZ.

A tenor de lo indicado en la bibliografía, parece muy poco probable que un miembro del Partido Comunista de España, que había pasado ocho años en la URSS y no hablaba alemán, decidiera ir a Dresde en 1946, antes de que se fundara la RDA. El colectivo de exiliados de los comunistas españoles en Dresde al que se alude no existía en aquel momento; sólo surgió a raíz de la operación Boléro-Paprika en 1950/51. La decisión de trasladarse de Dresde a Berlín, siguiendo los deseos de la esposa, porque no apreciaba la proximidad de su marido al partido, supone también un grado de libertad de elección por parte del individuo bastante improbable. Es difícil imaginar un simple cambio de residencia sin la aprobación del SED y el PCE. La novela tampoco establece ninguna relación entre el traslado de Dresde a Berlín y el pequeño colectivo de comunistas españoles que existió en Berlín a partir de 1950/51.

Por lo tanto, Moreno Durán ha construido una biografía del padre muy atípica, por no decir imposible. Se mezclan los datos sobre los españoles exiliados que vivían en suelo alemán antes de la fundación de la RDA y los que llegaron a Dresde en 1950/51 con la Operación Boléro. Hubiera sido fácil para la autora proporcionar una biografía históricamente más realista del padre, por ejemplo, como refugiado de la guerra civil que, tras un primer exilio en la URSS (1939-1946), llegó a Francia en 1946, para ser deportado a la RDA en 1950 como consecuencia de la Operación Boléro, agregándosele su esposa al año siguiente.

5.2 La aparición en la novela de José Quevedo, el profesor De Vega

La persona del profesor español De Vega en la Universidad Humboldt de Berlín merece especial atención para comprender el encuadre histórico que la autora hace suyo. De él sabemos que estuvo del lado de la República española, huyó de la España franquista y abrió una librería en Berlín ―ya en la época del nacionalsocialismo― y colgó en ella un retrato de Franco para engañar a los nazis. Poco después de conocer a Katia (en 1971) y a su padre, de quien el lector se entera más tarde que espiaba a otros españoles exiliados, De Vega deja de dar clases en la universidad.

En la persona de este conferenciante se adivina la de José Quevedo, bien conocido por los historiadores (cf. p. ej. Uhl 2004, p. 236ss., Drescher 2008, p. 37), de cuya vida hizo su hija Núria Quevedo un relato detallado y fascinante en 2004, en conversación con Mercedes Álvarez (Álvarez y Quevedo 2004). José Quevedo es conocido como dirigente de la Asociación de Emigrantes Republicanos y Comunistas ERE (véase más arriba), fundada en 1947. Fue miembro del PCE en España y fiel soldado de la aviación. En 1939 tuvo que huir de España, pasó por varios campos de internamiento franceses y luego trabajó en la industria armamentística alemana en Berlín de 1941 a 1945 (como muchos refugiados de la guerra civil deportados de Francia o reclutados a través de la organización Todt). En su apartamento de Berlín tenía una foto de Franco encima de la cama. Después de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en 1952, trajo de España a su mujer y a su hija Núria. Para entonces ya había abierto la «Librería Internacional Quevedo». En la Universidad Humboldt dio clases a través del gran romanista Werner Krauss (a quien Hans Ulrich Gumbrecht dedicó en 2002 un memorial muy sensible y conmovedor). Quevedo enseñó en la HU hasta 1954. Entonces, sin embargo, se solicitó a Dresde un nuevo profesor de español y, según Drescher, «hay que suponer indudablemente que hubo una destitución forzosa de Quevedo» (Drescher 2008, p. 115). Por cierto, un reportaje de Deutschlandfunk sobre el colectivo de españoles exiliados de Berlín Este (Chmielorz 2016) confirma que hubo trámites para contratar a un nuevo profesor de español en 1954.

Las similitudes entre el personaje de la novela y los recuerdos que Núria Quevedo tiene de su padre son asombrosas. Sobre el profesor De Vega se indica en la novela que «se jactó… de ser descendencia del mejor poeta en español de todos los tiempos, Lope de Vega». Núria Quevedo recuerda a su padre: «Mi padre siempre soñó con ser descendiente de Don Francisco» (Álvarez y Quevedo 2004, p. 33). En evidente referencia a los escritores del Siglo de Oro Félix Lope de Vega y Francisco de Quevedo.

Ante la indignación del comunista ortodoxo por su peculiar estilo de vida, responde De Vega: «Ya, ¿que va a venir a contarme la vida usted a mí? Supervivencia lo llamo yo». Núria Quevedo, ante el hecho de que su padre trabajó para los nazis, responde: «Con tal de salvar la vida, uno lo intentaba todo, no hay duda» (Álvarez y Quevedo 2004, p. 25).

Desde el punto de vista de la verosimilitud histórica, la historia del señor De Vega es altamente improbable. ¿Cómo pudo un refugiado republicano de la guerra civil, que había encontrado el camino a la Alemania nazi, abrir una librería en Berlín en tiempos de guerra y luego seguir dirigiéndola en la RDA hasta por lo menos los años setenta? El empleo habitual de los refugiados españoles de la guerra civil en la Alemania nazi era como trabajadores contratados o forzados en la industria armamentística.

Hay un juego intertextual oculto entre la novela y los recuerdos de Núria Quevedo y Mercedes Álvarez. La figura del profesor De Vega, tal como se muestra, incorpora visiblemente información sobre José Quevedo. Asimismo, en el decorado de los miembros del núcleo familiar formado por el padre, la madre, Katia y la hermana Martina, aparecen numerosos fragmentos de los recuerdos de las dos verdaderas hijas de comunistas. Alejándose de la conocida frase «todo parecido con personas vivas o muertas es pura coincidencia», los parecidos con personas vivas o muertas en la obra de Moreno Durán no son en absoluto accidentales. Lo que ocurre es que las biografías sobre los destinos de distintos refugiados que ha construido a partir del material disponible no son fiables en algunos aspectos. Pero a la mayoría de los lectores no deberían molestarles las pequeñas incoherencias históricas.

5.3 La ausencia de preocupaciones políticas en Katia

La historia contemporánea queda en gran medida al margen de la novela, ya que la protagonista es retratada como apolítica. Ello es particularmente evidente en el hecho de que el conflicto entre los comunistas leales a Moscú y el Partido Comunista Español bajo la dirección de Santiago Carrillo, que seguía una línea eurocomunista y que dividió a los exiliados españoles en la RDA en dos bandos desde finales de los años sesenta, tanto en Dresde como en Berlín, no aparece en ninguna parte (véase más arriba). Ni siquiera la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia en 1968, condenada por el PCE y apoyada por el SED, que exacerbó el conflicto existente entre los exiliados, se cuela en la novela, aunque la protagonista tiene entonces dieciocho años, conoce a otros jóvenes y estudia en Berlín. Lo que le preocupa en 1971 es el décimo Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que ella ayuda a preparar. El hecho de que dicho festival no se celebrara en 1971, como se afirma en la novela, sino en 1973, no es decisivo para el curso de la historia.

No se presta tampoco atención al conflicto entre el SED y el PCE en torno a 1973, cuando la RDA reconoció diplomáticamente el régimen de Franco. Tampoco se mencionan las manifestaciones en la República Federal contra el régimen en España en su brutal fase final. Deprimida y atrincherada en la región de Suabia, la protagonista vive la República Federal de los años setenta y ochenta con los clichés de los años cincuenta: conseguir una casa, coche, hijos, el marido trabajando hasta caer rendido, bebiendo sus cervezas ante el televisor cada noche, la mujer atada a la casa. La percepción de los cambios políticos y de la realidad tanto en la RDA como en la República Federal parece extrañamente limitada y nublada.

5.4 Los problemas de identidad de Katia

El tema de la difícil formación de la identidad de los hijos de comunistas españoles en la RDA ha sido objeto de estudio académico (Denoyer 2011, 2017). Por lo general, eran importantes al menos dos fuentes de identidad: una, que los padres transmitían a sus hijos, y otra que ofrecía el país de acogida (Denoyer 2011, p. 106). A menudo, sin embargo, un tercer país, Francia o Rusia, por ejemplo, también desempeñaba un papel. Precisamente, las ricas biografías de Mercedes Álvarez y Núria Quevedo muestran de forma impresionante que la experiencia del exilio de las hijas de comunistas también puede generar nuevas identidades, complejas y exitosas.

También es interesante en el estudio de Denoyer la constatación de la gran importancia de la RDA y el apego a ella: «No es un factor menor el hecho de que los hijos de los exiliados han desarrollado una relación especial, en tanto que duradera, con la RDA. Aunque ciertamente reconocen las debilidades del régimen de Alemania del Este y condenan la falta de libertad que allí reinaba, defienden hasta hoy el país desaparecido […]» (Denoyer 2011, p. 108). Denoyer añade: «Para la segunda generación de españoles en la RDA, el exilio político [se convirtió entonces] en una experiencia biográfica estructurante en la que el sentido de la nacionalidad y de la identidad, así como las relaciones con la sociedad de origen y de acogida, tuvieron una importancia especial» (Denoyer 2011, p. 109).

Lo mismo puede decirse de la protagonista de la novela. Con respecto a su infancia y juventud en la RDA, se puede hablar de una «experiencia biográfica estructurante». En años posteriores, sin embargo, su punto de referencia es diferente: son las decepcionantes experiencias en la República Federal las que la llevan a un creciente rechazo de las condiciones de vida allí y a una revalorización nostálgica de la RDA.

Queda por preguntarse qué papel desempeña España, como «sociedad de origen» transmitida a través de los padres, en la formación de la identidad de la protagonista. El hecho de que Katia proceda de una familia de emigrantes españoles en la RDA apenas desempeña un papel en su desgracia y sufrimiento en la novela. No se siente atraída por España y no intenta establecer contacto con sus parientes en España. En 1989, pisa suelo español por primera vez en su vida. Un viaje a España planeado y forzado por su marido, Johannes, sin su conocimiento, se convierte en un fiasco. La visita obligada al pueblo natal de sus padres, Dos Aguas, se interrumpe bruscamente. España no es un hogar posible para ella y, desde luego, no es un lugar de añoranza. Con su historia de vida y la historia migratoria de sus padres, no parece tener conexión alguna con la España actual. Sus problemas de identidad, marcados por la vergüenza y el sentimiento de culpa, son probablemente los principales responsables de este sentimiento. El hecho de que España se constituyera como monarquía después de Franco y que la tematización política de las injusticias cometidas contra los republicanos fuera prácticamente inexistente en aquel momento (1989), por otra parte, es probablemente menos relevante para el sentimiento de no pertenencia de Katia.

Katia representa no sólo un caso atípico, sino también altamente improbable, de española exiliada de segunda generación. Su conflicto de identidad es predominantemente interior: RFA = extranjería, frente a RDA = patria. Su desconocimiento político es tal que ni siquiera defiende los logros de la RDA en cuanto al papel de la mujer en un sentido progresista. Los valores comunistas de su padre tampoco la llevan a orientarse políticamente ni siquiera a organizarse. Lo que queda es una joven inmadura que se traslada de la RDA a la RFA por una relación sentimental, se siente decepcionada tanto por la relación como por la vida en Occidente, permanece allí como una extraña, se deprime y añora su antiguo hogar.

El autor de esta reseña ignora si se dio el caso de que la hija de uno de los pocos comunistas españoles exiliados en la RDA se fuera alguna vez a la RFA, y de que un comunista español ortodoxo llegara a ser condenado a diez años de cárcel (y finalmente incluso muriera en prisión) porque su hija adulta había huido a la RFA. Si tal historia hubiera existido realmente, difícilmente habría permanecido oculta a los exiliados españoles y, por tanto, se habría conocido.

6. Reflexión final

Queda por decir que la novela de Moreno Durán llama la atención sobre un apasionante capítulo de la historia germano-española: la vida de los refugiados españoles de la guerra civil y sus hijos en la RDA. La capacidad lingüística de la autora para transmitir al lector situaciones, estados de ánimo y sensibilidades con pocas palabras, frases cortas y concisas, condensaciones poéticas, comparaciones originales, contrapuntos, alusiones y silencios es su punto fuerte. Por eso muchos disfrutarán inicialmente con la novela, siguiendo a la protagonista mientras rememora sus años en la RDA de 1956 a 1971 de forma anecdótica, colorista y con su peculiar estilo. La parte que transcurre en la República Federal de Alemania decae considerablemente.

El período comprendido entre 1971 y 1991, que transcurre en la RFA, es un tiempo de plomo. Sólo partiendo de la base de una depresión creciente de la protagonista, una capacidad de acción paralizada y una percepción del mundo a través del velo del sufrimiento psicológico, puede parecerle creíble esta parte al autor de esta reseña. La depresión, junto con el desinterés de la protagonista por los acontecimientos políticos de aquí y de allá, y la poca importancia que España juega para su identidad, reducen esta parte a una construcción artificial cifrada en las ecuaciones Este = Hogar, Occidente = Extranjero. En cierto modo, lo ingenioso de todo ello es que la protagonista repite el destino de su madre, que vivió la RDA como extranjera, no se integró y no quiso integrarse. Katia sería así mucho más hija de su infeliz madre que de su padre comunista. El paralelismo llega hasta el punto de que la fatal decisión de la madre residente en España de seguir a su marido a la RDA se repite en la fatal decisión de su hija de seguir a su posterior marido Johannes a la RFA. Extrañeza y sufrimiento para madre e hija en ambos bandos. El corazón de una había de helarse en la RDA, el de la otra en la RFA.

El examen de la relación entre los hechos y la ficción en la narración ha demostrado que, contrariamente a lo que esperábamos, la autora no pretende ajustar de la mejor manera posible su construcción novelesca a los hechos históricos conocidos y a la realidad de la vida de los exiliados de primera y segunda generación, profundizando así en nuestra comprensión de sus vidas y destinos. Por el contrario, se hace mucho por mantener la realidad a distancia. La constelación RDA-RFA elegida es en principio (hasta que se demuestre lo contrario) producto de la imaginación, pura ficción. El medio más importante para mantener la realidad a distancia se encuentra en la constitución psicológica del protagonista tras su traslado a la RFA, que parece casi orientada a no ver la realidad con claridad: por su inmadurez, su falta de interés por los acontecimientos políticos, su falta de iniciativa y, sobre todo, por su depresión.

Se aprende mucho más que en la novela en la conversación entre Mercedes Álvarez y Núria Quevedo (2004) sobre las hijas de los comunistas españoles en la RDA. Nos gustaría ver el libro resultante traducido al español. También sería muy oportuna una obra histórica bien fundamentada sobre los refugiados republicanos que ya se encontraban en Alemania en 1945, inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial, y que posteriormente vivieron en la RDA. La vida aventurera de José Quevedo merece un relato propio.

Nota de una lectora (2 de abril de 2023): En realidad, la versión española deseada del libro está ya disponible desde 2012: Mercedes Álvarez y Nuria Quevedo: Ilejanía. La cercanía de lo olvidado (un diálogo sobre el exilio). Muséu del Pueblu d’Asturies y Ayuntamientu de Xixón: Gijón 2012; ISBN 978-84-96906-33-4. También está disponible la versión pdf del libro.

7. Bibliografía

  • Alted Vigil, Alicia: Los exilios en la España contemporánea. En: Ayer (Asociación de Historia Contemporánea), 2002, nº 47, pp. 129-154
  • Álvarez, Mercedes y Quevedo, Núria: Ilejanía-Unferne: die Nähe des Vergessenen. Ein Gespräch. BasisDruck: Berlin 2004
  • Alvite, Maite, en conversación con Aroa Moreno Durán. Diario de Ibiza, del 13 de marzo de 2019
  • Chmielorz, Rilo: Operation Bolero. Das spanische Kollektiv in Ost-Berlin. Manuscrito para la emisión de Deutschlandfunk el 10 de mayo de 2016 (19:15-20:00)
  • Denoyer, Aurélie: Les réfugiés politiques espagnols en RDA. En: Trajectoires 3 | 2009
  • Denoyer, Aurélie: Integration und Identität. Die spanischen politischen Flüchtlinge in der DDR. En: Kim Christian Priemel (ed.): Transit-Transfer: Politik und Praxis der Einwande­rung in die DDR 1945-1990. Sächsische Landeszentrale für Politische Bildung: Dresden 2011, S. 98-112
  • Denoyer, Aurélie: Exil als Heimat. Die spanischen kommunistischen Flüchtlinge in der DDR. Individuelle Lebensläufe, Kollektivgeschichte. Proyecto de tesis doctoral. En: The International Newsletter of Communist Studies XVIII, (2012), nº 25. pp. 40-43
  • Denoyer, Aurélie: L’exil comme patrie. Les réfugiés communistes espagnols en RDA (1950-1989). Trajectoires individuelles, histoire collective. En: Trajectoires 6 | 2012 
  • Denoyer, Aurélie: L’exil comme patrie. Les réfugiés communistes espagnols en RDA (1950-1989). Presses universitaires de Rennes: Rennes 2017; disponible en línea; publicación basada en la tesis de 2012.
  • Denoyer, Aurélie y Faraldo, José M.: «Es war sehr schwer nach 1968 als Eurokommunis­tin». Emigration, Opposition und die Beziehungen zwischen der Partido Comunista de Es­paña und der SED. En: Arnd Bauerkämper und Francesco Di Palma (eds.): Bruderparteien jenseits des Eisernen Vorhangs. Die Beziehungen der SED zu den kommunistischen Parteien West- und Südeuropas (1968–1989). Ch. Links Verlag: Berlin 2011, pp. 186-202
  • Drescher, Johanna: Asyl in der DDR. Spanisch-kommunistische Emigration in Dresden (1950-1975). vdm-Verlag: Saarbrücken 2008
  • Eiroa, Matilde: Españoles tras el Telón de Acero: El exilio republicano y comunista en la Europa socialista. Marcial Pons Ediciones de Historia: Madrid 2018
  • Gumbrecht, Hans Ulrich: Vom Leben und Sterben der großen Romanisten. Carl Hanser Ver­lag: München 2002
  • Heine, Hartmut: El exilio republicano en Alemania Oriental (República Democrática Alema­na-RDA). En: Migraciones y Exilios, 2-2001, pp. 111-121
  • Kreienbrink, Alexander: Der Umgang mit Flüchtlingen in der DDR am Beispiel der spani­schen ‚politischen Emigranten‘. En: Totalitarismus und Demokratie, 2(2005)2, pp. 317-344
  • Lister, Enrique: Vorgeschichte und Voraussetzungen der Ansiedlung der spanischen kommu­nistischen Emigranten in Osteuropa. En: Totalitarismus und Demokratie, 2(2005)2, pp. 289-316
  • Meerwald, Johannes: Spanische Häftlinge in Dachau. Bürgerkrieg, KZ-Haft und Exil. Wall­stein Verlag: Göttingen 2022
  • Poutrus, Patrice G.: Zuflucht im Ausreiseland. Zur Geschichte des politischen Asyls in der DDR. En: Jahrbuch für Historische Kommunismusforschung 11. Jg. (2004), pp. 355-378
  • Strode, Sara, entrevista con Aroa Moreno Durán. En: El papel amarillo (blog de críticas literarias) del 23 de julio de 2018
  • Uhl, Michael: Mythos Spanien. Das Erbe der Internationalen Brigaden in der DDR. Dietz: Bonn 2004.
  • Whittemore, Katie, entrevista con Aroa Moreno Durán. En: H for History Blog del 8 de febrero de 2021

Aroa Moreno Durán: Die Tochter des Kommunisten.
btb Verlag: München 2022, ISBN 978-3-442-75904-0

Aroa Moreno Durán: La hija del comunista (Kindle-Version).
Penguin Random House Grupo Editorial España: Barcelona 2017, ISBN: 978-84-15451-81-5

Nicola Veith: Spanische Aufklärung und südwestdeutsche Migration | La Ilustración española y la emigración del Suroeste alemán

Un análisis completo y lúcido del proceso migratorio desde el Sacro Imperio Romano Germánico hacia Andalucía a finales del siglo xviii

Reseña de Knud Böhle (Spanienecho de 26.11.2020), traducción de Pascual Riesco Chueca (Spanienecho de 07.07.2022)

1. El despotismo ilustrado y el proyecto español de colonización (1767-1835)

Estamos en 1767, tiempo de despotismo ilustrado en Europa: José II ocupa desde marzo de 1764 el pináculo del Sacro Imperio Romano, Federico el Grande rige Prusia, Catalina la Grande lo hace en Rusia y, en España, tiene la corona el rey borbón Carlos III. Han penetrado en España las ideas de la Ilustración y el pensamiento fisiocrático. Ilustrados como Campomanes, Aranda y Olavide ocupan puestos destacados de la Administración. Dentro del corpus ideológico que inspira a los políticos reformistas figuran nociones como el intervencionismo estatal, la mejora de la agricultura, una agenda activa de poblamiento y proyectos de prestigio.

En el seno de este conjunto de ideas ha de situarse el establecimiento de colonos extranjeros ―la colonización― en tierras baldías, como ocurrió en los casos de Prusia, Rusia, y a menor escala también en España desde 1767. Ese mismo año se dicta la supresión y expulsión de los jesuitas. La institución inquisitorial, por el contrario, seguirá en pie. Otra particularidad española es el bandolerismo, que compromete el tráfico de mercaderías de ultramar desde los puertos andaluces hacia Madrid. De ahí que un objetivo de los proyectos de colonización sea hacer más seguros ciertos tramos del Camino Real. En El manuscrito encontrado en Zaragoza, la célebre novela publicada en 1804 por el conde Jan Potocki, se dice al respecto en el mismo comienzo del texto: «El conde de Olavídez no había establecido aún colonias de extranjeros en Sierra Morena; esta elevada cadena que separa Andalucía de la Mancha no estaba entonces habitada sino por contrabandistas, por bandidos, y por algunos gitanos…» (ed. Minotauro, 1996, p. 31).

Ya había habido, desde comienzos del siglo xviii, propuestas de poblamiento de esta área mediante inmigrantes extranjeros; pero el paso decisivo se produce en abril de 1767, cuando el rey de España contrata con el bávaro Johann Kaspar Thürriegel la fijación de 6.000 colonos, un aflujo que ha de publicitarse y canalizarse hacia España. El contrato contiene especificaciones precisas sobre el origen, la adscripción religiosa, la estructura de edades y las cualificaciones exigibles a los colonos solicitados. En julio de 1767 se redactan los reglamentos que deberán aplicarse en las comarcas de asentamiento, en el marco de un Fuero de Población, que detalla los derechos particulares de las colonias. Ya en agosto de 1767 acuden a España los primeros emigrantes del Sudoeste del Sacro Imperio Romano Germánico. Los terrenos asignados inicialmente están en Sierra Morena, si bien a partir de 1768 se agregan áreas más occidentales de Andalucía.

Leyenda: Las colonias se establecen en las áreas en verde claro; los cuatro reinos que aquí se muestran vienen a coincidir con la extensión actual de la Comunidad Autónoma Andaluza. Fuente: Wikipedia

De manera oficial, el proyecto llevará desde 1768 el nombre de Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y de Andalucía. Muchos de los lugares fundados entonces ex novo han subsistido. Entre los más conocidos están La Carolina (Jaén), La Carlota (Córdoba) y La Luisiana (Sevilla). Con la extinción en 1835 de los últimos reglamentos especiales y los subsidios estatales para los territorios colonizados se da por concluido el proyecto. Ciertamente, los años iniciales son cruciales para la investigación histórica de este proceso migratorio.

2. La complejidad del tema y su encuadre científico

Nicola Veith aborda esta materia en su tesis (Universidad Johann-Gutenberg de Maguncia, en el área de las ciencias históricas y culturales) por el camino más exigente, optando por analizar y reconstruir el proceso migratorio sobre la base de la literatura científica y un trabajo archivístico intenso, que implica el estudio de fuentes y materiales tanto españoles como alemanes (véase una panorámica sobre las fuentes en las pp. 22-28).

Como primera consideración, el proceso migratorio es presentado de forma global. Ello significa que, en primer lugar, se investigan las circunstancias de la emigración desde el Sacro Imperio Romano Germánico (nación alemana) y las rutas y recorridos del viaje hacia el territorio de asentamiento. Solo entonces se trata el asentamiento de colonos y la historia subsiguiente del desarrollo de las nuevas poblaciones, así como la integración de los inmigrantes. Dentro del esquema del trabajo, ello se corresponde con la organización tripartita siguiente. Parte I: antecedentes de la emigración a España del siglo xviii; parte II: desarrollo de la emigración a España entre 1767 y 1769; parte III: asentamiento e integración de los colonos.

En el marco de esta estructura se consideran detalladamente, en primer lugar, los aspectos legales, políticos, organizativos y financieros. En segundo lugar, se tratan con minuciosidad tanto las condiciones de vida en los lugares de origen, que incitaron a emigrar a los colonos, como la realidad social en las nuevas poblaciones y la cotidianía que fue fraguándose en ellos. Para describir con ejemplar precisión los mundos de origen se centra la mirada en el Palatinado Electoral, el marquesado de Baden-Durlach y la región suaba. Casi involuntariamente viene a la mente que estas historias de emigración habrían merecido un cineasta de la talla de Edgar Reitz (cf. Heimat – La otra tierra (2013), una película acerca de una familia pobre de la región de Hunsrück en 1842, que sueña con empezar una nueva vida en Brasil).

La complejidad del tema al que se enfrenta Nicola Veith es grande. Han de quedar fuera las simplificaciones imprudentes, y son de rigor ciertas distinciones indispensables. Por citar el ejemplo más destacado: si centramos la atención en el origen de los inmigrantes, se hace visible el sentido de tales distingos. Es cierto que la mayoría de los colonos eran del sudoeste alemán, campesinos y menestrales alsacianos y lorenos. Pero a ellos pronto se añaden otros colonos de las diversas regiones germanoparlantes del Sacro Imperio, Países Bajos y Suiza, así como otros de lengua francesa, oriundos de Suiza y Francia, además de italianos (p. 354). En la síntesis sostiene Nicola Veith una hipótesis de interés: el etiquetado del conjunto de los colonos como «alemanes» debilitó sus identidades regionales y territoriales (en tanto que palatinos, badenenses, etc.), pero fue precisamente esto lo que, al propiciar una identidad común como alemanes, facilitó la integración en las colonias (cf. pp. 361, 399).

Para obtener una imagen fiel de conjunto de las colonias de inmigrantes es preciso incorporar al cuadro múltiples facetas diferentes: cuestiones de forma de los asentamientos, arquitectura, características del suelo, administración colonial, estructuras familiares, relaciones vecinales, cuidados médicos, asistencia espiritual, organización del tiempo libre y otras, que esta reseña no puede cubrir. La sección de contenidos, de seis páginas, disponible en línea (en alemán) como pdf, ofrece una visión de la diversidad de aspectos tratados en la tesis.

3. Contradicciones, reveses y conflictos del proyecto colonizador

Uno de los méritos del trabajo reside en haber identificado y analizado los conflictos implícitos al proyecto y las contradicciones y dificultades que afloraron tras su puesta en marcha; ello pone las bases para sentar una valoración crítica del conjunto de la operación. Seguidamente nos ocuparemos brevemente de algunos aspectos cruciales.

El propio reclutamiento de colonos se oponía a la prohibición de emigrar vigente en el siglo xviii en el Sacro Imperio (véase p. 72). La emigración era por tanto ilegal y se producía por lo común de forma clandestina (p. 105). En particular, el empeño con que los estados de origen intentaban retener a sus más cualificados labradores y artesanos iba radicalmente en contra del deseo de captar precisamente a este círculo de personas para prestigiar el proyecto de colonización. Ello significaba, a efectos prácticos, que muchos de los emigrantes que partieron hacia España no poseían la cualificación requerida.

Era también contradictoria la mezcla de tendencias ilustradas y absolutistas, característica de la praxis agroeconómica en las colonias (véanse pp. 214-253). Del lado progresista de dicha agronomía pueden dar muestra la prioridad otorgada al cultivo, la ganadería y la artesanía como fundamentos económicos, la escolarización obligatoria, y el papel más activo asignado a las mujeres. Pero, en el lado negativo, puede citarse la «desmedida intervención estatal» (p. 30), que se aprecia por ejemplo en los repartos de lotes con extensión homogénea, sin tener en cuenta la desigual calidad del suelo; o en la insistencia en cultivar cereales pese a las características desfavorables para ello del terreno, lo cual retrasó la plantación de otras labranzas más provechosas (p. 403). También pesa en el lado negativo el hecho de que los colonos, en los primeros años, no tenían ninguna opción de cogestionar la producción (p. 192). Nicola Veith alude a una administración cuasimilitar de las colonias (p. 398). «La inactividad se consideraba delito» (p. 404), un hecho que se castigaba con el uso del grillete durante el trabajo o incluso con prisión. Por añadidura se consentía poca vida social, lo que se sumaba al carácter disperso de las aldeas y la prohibición de visitar los lugares más populosos durante la semana. No obstante, y visto en contraste con el latifundismo, el tipo predominante de aprovechamiento en Andalucía, basado en la gran propiedad, explotador y poco productivo, este intento, altamente subvencionado, de crear una «clase media campesina» (p. 406), puede considerarse sin duda progresista.

Entre los fallos onerosos de los responsables del proyecto, explicitados en detalle por la autora del estudio, estaba la deficiente preparación ante las exigencias de la colonización primera. De modo que, recién llegados los primeros colonos en el final del verano y el otoño de 1767, los terrenos no se encontraban a la sazón laboreados ni apenas existían alojamientos (p. 172). Incluso en casos en que habían aparecido casas en las tierras de labor, los responsables del proyecto dispusieron que los colonos habían de realojarse en barracones situados en las cabezas de colonia, en vez de permanecer cerca de sus parcelas. Ello favoreció la aparición de epidemias, y «puede conjeturarse que a la altura de 1770 había fallecido la mitad de los colonos» (p. 405). En esta estimación entran ciertamente empleados de las colonias, trabajadores manuales que ayudaron en la construcción de casas, soldados y colonos españoles. Por añadidura, la situación debe de haber sido muy diversa según lugares.

Mediante el refuerzo con españoles procedentes de Cataluña y Valencia, y luego de otras regiones más pobres del país, se pudo compensar esta sangría. Parece que ya en 1771 el número de españoles en las colonias se había igualado con el de extranjeros (pp. 369-372), con lo que se alteró sustancialmente el carácter del proyecto inicialmente concebido.

La pertenencia y el cumplimiento religioso supusieron otro punto espinoso. Para empezar, solo se debía captar a católicos, pero esta restricción fue ocultada en lo que pudo por el reclutador Thürriegel. De ahí que el deficiente control de los emigrantes a España dio lugar a numerosas falsas conversiones, y en algunos casos, incluso a la expulsión de protestantes. Fue también problemático el cuidado pastoral, que con arreglo al Fuero de Población habría de hacerse en los años iniciales usando la lengua madre (p. 258). Ahora bien, la dirección colonial no había tenido en cuenta la necesaria procuración de sacerdotes, y solo en 1769 pudo cubrir la demanda mediante frailes capuchinos germanoparlantes, en un total de dieciocho, como muestra Nicola Veith. Por lo visto, los frailes no se limitaron a cuestiones de asistencia espiritual, sino que se enfrentaron a la administración colonial en defensa de los pobladores germanoparlantes (p. 262). A medida que a partir de 1770 fueron admitidos más y más colonos españoles en detrimento de las costumbres alemanas, fue agudizándose el conflicto. Ello llevó incluso a que el capuchino Romualdo Baumann en 1774 denunciara ante la Inquisición al dirigente del proyecto colonial, Pablo de Olavide, como hereje, pues «portaba en su interior las semillas del pensamiento protestante, y se expresaba en contra de los dogmas de la Iglesia» (p. 270). Siguió a ello el proceso y la condena de Olavide, seguramente no solo por la denuncia del padre Romualdo. Pero también los capuchinos debieron a partir de entonces abandonar las colonias y el suelo español.

4. ¿Fracasó el proyecto colonial o fue un éxito?

Preguntémonos finalmente, a la luz de la tesis, acerca del éxito o el fracaso del proyecto. En todo caso fue exitoso el reclutamiento y Thürriegel superó (según sus propios datos) la meta fijada, con 7.775 pobladores, cifra que le permitía saldar cuentas, a razón de 326 reales por persona admitida (p. 151).

Pero desde el punto de vista de la idea inicial del proyecto primigenio, que aspiraba a fijar una economía agraria avanzada y ejemplar regida en exclusiva por extranjeros capacitados, es inevitable hablar de un fracaso.

Si se contemplan las colonias a partir de 1770, en una evolución en que participaron colonos extranjeros y españoles, se desprende una imagen más halagüeña. Según una de las fuentes citadas, la población creció desde las 6.585 personas de 1770 a 11.857 en 1833 (pp. 386, 389). A ello se suma un crecimiento positivo en lo económico. También puede hablarse de una historia de éxito en lo tocante a integración, pues los inmigrantes extranjeros, en el curso de unas pocas décadas, se integraron casi del todo en la sociedad española. De ahí el aserto de Nicola Veith, según el cual muchas «biografías de emigrantes muestran que, en repetidas ocasiones, el trayecto desde la miseria en su país de origen hasta la condición de propietario rural en España había sido coronado con éxito» (p. 406).

5. Resumen

La tesis proporciona una contribución importante a un capítulo descuidado y casi olvidado (al menos en Alemania) de la historia hispano-alemana. La autora ha investigado profundamente las fuentes, tanto en archivos alemanes como españoles; y es preciso destacar el rigor de su enfoque global y orientado al proceso. Ello le permite examinar con detalle el mundo de origen y las circunstancias de la migración, las rutas e itinerarios de viaje hacia las comarcas de asentamiento seleccionadas por el Estado español y el desarrollo del proyecto de colonización entre 1767 y 1835. Este estudio aporta también lecciones para el presente, pues de él se desprenden valiosos indicios e intuiciones para el análisis de procesos migratorios en curso y proyectos contemporáneos relacionados con la captación de trabajadores extranjeros.


Nicola Veith: Spanische Aufklärung und südwestdeutsche Migration. Auswandererkolonien des 18. Jahrhunderts in Andalusien. Kaiserslautern: Bezirksverband Pfalz, Inst. f. pfälz. Geschichte und Volkskunde 2020, ISBN: 978-3-927754-97-3

[Nicola Veith: La Ilustración española y la emigración del Suroeste alemán. Colonias de emigrantes del siglo xviii en Andalucía. Kaiserslautern: Bezirksverband Pfalz, Inst. f. pfälz. Geschichte und Volkskunde 2020, ISBN: 978-3-927754-97-3]

H. Bahrmann: La larga sombra de Franco

TRADUCCIÓN provisional del alemán al castellano de la reseña del libro de Hannes Bahrmann: Francos langer Schatten. Diktatur und Demokratie in Spanien. Ch. Links Verlag, Berlin 2020

Reseña y traducción Knud Böhle| 07.07.2020

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El intento más reciente de mostrar las deficiencias de la democracia española sufre de una falta de esmero periodístico

Un libro de no ficción bien escrito y fácil de leer que explicara a un público más amplio los actuales déficits políticos y los problemas de la democracia española recurriendo al legado del franquismo sería de gran utilidad. Esto es exactamente lo que el título «La larga sombra de Franco. Dictadura y Democracia en España», publicado en marzo de este año, parece prometer.

El autor, Hannes Bahrmann, comienza con los antecedentes históricas de la Guerra Civil Española, trata los acontecimientos bélicos de manera selectiva y luego se dedica con más detalle al desarrollo de la dictadura franquista después de 1939, haciendo hincapié por un lado en la discriminación, la exclusión y la represión sistemática contra los «perdedores» y por otro lado en la resistencia antifranquista. Además esboza el auge económico de España en los años sesenta (gracias a la inversión extranjera, las remesas de los trabajadores en el extranjero, la industria del turismo, el auge de la construcción). Luego trata el declive de la dictadura y a continuación la transición de la dictadura a una democracia parlamentaria. La fase de la transición termina, según la interpretación común, con el intento fallido de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y la victoria electoral de los socialistas (el PSOE, el Partido Socialista Obrero Español) en 1982. El resultado de la «democracia pactada» entre los franquistas y los antifranquistas incluía el «pacto del olvido».

De hecho, como Bahrmann puede demostrar de forma plausible, algunos de los males básicos del régimen franquista están lejos de haber sido superados: el mal endémico de la corrupción continúa arrasando, afectando no sólo al Partido Popular (PP), sino también al PSOE y a otros partidos más. La corrupción va acompañada de un segundo mal, a saber, el deseo desatado de muchas personas en posiciones de liderazgo de enriquecerse. Esto ya era cierto para el dictador y su familia, sigue siendo cierto para los políticos de todas las corrientes, pero también para la familia real. El rey Juan Carlos I se había hecho multimillonario incluso antes de su abdicación, sobre todo por sus buenas relaciones con la familia real saudí. Bahrmann: «Con cada superpetrolero que transportaba entre 1,4 y 1,6 millones de barriles, la fortuna del monarca aumentaba en unos dos millones de dólares» (p. 222). Cabe señalar que la susceptibilidad a la corrupción tiene raíces que se remontan aún más atrás.

Tras la muerte de Franco, la falta de voluntad política para abordar el pasado, es decir, investigar los crímenes cometidos por ambos bandos durante la guerra civil, e investigar los crímenes políticos y de terrorismo de Estado cometidos por la dictadura franquista, sirve y protege sobre todo a sus seguidores y cómplices. Este agravio es tratado en detalle por Bahrmann. Con la ley de amnistía de 1977, el «pacto del olvido» fue cuasi formalizado. El tabú sólo fue sacudido a principios del nuevo milenio. En ese momento, la exhumación de los asesinados enterrados en fosas comunes fue iniciada por familiares y oenegés (en particular la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ARMH). Paralelamente, ganó terreno una re-evaluación jurídica, según la cual el enjuiciamiento de los crímenes de lesa humanidad no podía ser socavado por una ley de amnistía. La experiencia del juez de instrucción Baltazar Garzón es reveladora: Presentó cargos contra Franco y 44 co-conspiradores, pero luego él mismo terminó en el banquillo de los acusados por prevaricación y fue suspendido de su cargo. Eso demuestra la eficaz función protectora de la ley de amnistía para los franquistas. La escasez de apoyo estatal en los esfuerzos por localizar las fosas comunes, identificar a los muertos y enterrarlos con dignidad muestra la dificultad que tienen los varios gobiernos con el pasado, incluso en materias cuya naturaleza humanitaria es evidente. De hecho, ninguno de los dos ejemplos constituye capítulo glorioso de la democracia española.

No obstante, hay que oponerse al juicio apodíctico del autor sobre la democracia española cuando dice: «La democracia en España se construye sobre los cimientos de la dictadura fascista. El viejo aparato de la dictadura nunca fue tocado» (p. 268). De esta manera el autor ignora las instituciones democráticas en España, que funcionan más o menos bien, y no reconoce los progresos en comparación con la época de la dictadura. Ni siquiera valora los severos fallos judiciales en muchos casos de corrupción como un progreso en comparación con la época de la dictadura. No toma nota que la financiación ilegal probada del Partido Popular en 2018 puso fin al gobierno del entonces PP y que también la corrupción en la casa real fue castigada. Iñaki Urdangarin, yerno de Juan Carlos I, fue condenado a una larga privación de libertad y a una fuerte multa por corrupción.

La visión sesgada de la democracia en España resulta algo raro. Además hay deficiencias periodísticas que perjudican la lectura. Si bien puede decirse que el libro contiene muchos detalles y anécdotas interesantes, en algunos lugares se acerca demasiado al estilo de los tabloides, por ejemplo cuando el ascenso de uno de los políticos reformistas decisivos de la dictadura en los años sesenta, Laureano López Rodó, se atribuye a la gratitud de Carrero Blanco, porque López Rodó le hubiera ayudado en una crisis matrimonial (p. 138). También atribuye las declaraciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein incriminando al Rey Juan Carlos motivacionalmente a la supuesta promesa de matrimonio de éste.

Otra debilidad del libro es que hay información errónea que podría haber sido fácilmente evitada por medio de algunas simples investigaciones. Por ejemplo, se afirma que los españoles pudieron ver el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en directo por televisión (pág. 191). Pero no fue así. Sólo un día después se emitió la grabación del intento de golpe de estado. En otro lugar se afirma que Jorge Semprún, tras su expulsión del Partido Comunista Español (1964), «se dedicó exclusivamente a su trabajo de escritor» (p. 153). Se ignora el hecho de que Semprún fue ministro de un gobierno de Felipe González entre 1988 y 1991.

Un ligero descontento surge cuando se lee que el conocido científico forense español, Francisco Etxeberria, que también aporta su experiencia en la exhumación de víctimas de la guerra civil, haya demostrado que Salvador Allende fue asesinado por partidarios de Pinochet (p. 258). Lo correcto es lo contrario: la comisión de expertos internacionales, de la que Etxeberria fue miembro, confirmó la tesis del suicidio. También sigue siendo incomprensible que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, que se creó después de la guerra civil, se presente como el «Consejo Científico de la Orden», es decir, del Opus Dei (p. 140). Esto también es incorrecto: la institución estaba subordinada al Ministro de Educación, quien también era presidente del Consejo, pero que no era miembro del Opus Dei. Que la influencia del Opus Dei en esta institución fue considerable es otra historia.

La falta de cuidado también es evidente en el uso impreciso de nombres: por ejemplo, Laureano Cerrada Santos, veterano de la confederación sindical anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo) e incansable luchador de la resistencia, aparece como «empresario Laureano Cerrado Santos» (S. 105); la juez argentina, Sra. María Servini de Cubría, que dictó órdenes de detención internacional por crímenes contra la humanidad cometidos en España, está presentada en una página como la Sra. Salvini (p. 251); el Papa Pablo VI, que intervino ante Franco por las condenas a muerte en el juicio de Burgos, se convierte en Pío VI (p. 157). Ya basta de esto.

En resumen: el libro está escrito de una manera fácilmente comprensible. No es científico, no quiere serlo y no tiene que serlo. Lamentablemente, como libro de no ficción no está muy logrado debido a sus deficiencias periodísticas: muy pocas referencias, demasiadas inexactitudes y errores en el texto y una falta de reconocimiento de las estructuras y fuerzas democráticas que funcionan. Es una lástima, porque se podría haber logrado un resultado mucho mejor con más cuidado por parte del autor en su investigación, un aparato de anotación fiable y una edición profesional. Aparentemente nadie quería hacer tal esfuerzo adicional.

Hannes Bahrmann: Francos langer Schatten. Diktatur und Demokratie in Spanien. Ch. Links Verlag, Berlin 2020, ISBN 978-3-96289-077-3

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